sábado, 17 de enero de 2015

LA SOLUCIÓN A TODO ES SER MALO

Sentado en la terraza de la casa donde vivo, cuando cae la tarde, oculto entre la ropa tendida, no puedo evitar observar con curiosidad a mis nuevos VECINOS. Así, sin comillas ni nada. Vecinos. Porque gracias a su firme espíritu de rebeldía y ética han desafiado a un sistema que nos oprime.

¿Que cómo?

Pues haciéndose dueños de unas casas desaprovechadas. ¿Es que no sabéis que hay más del doble de viviendas desocupadas en España que personas sin techo? Vaya desperdicio. Casi me resulta irrisorio el aeropuerto de Castellón en comparación a este dato.

Mis vecinos iluminan sus nuevos hogares una vez nos abandona el astro rey con un opulento foco que permanece toda la noche encendido, estrella fugaz y permanente a la vez, iluminándoles el camino e impidiendo que pierdan el rumbo en su arriesgada apuesta.

Chapó.

Me gustaría ser como ellos. A veces me arrepiento de ser un esclavo del sistema y tratar de esforzarme cada día por hallar un futuro que en este país se haya oculto bajo las capas de influencia de unos cuantos empresarios capitalistas.

Sí, sí. Me gustaría ser como mis vecinos. Lo reafirmo. Tan alejados del prototipo publicado recientemente pero creado desde la pubertad por el pequeño Nicolás, santo del caradurismo. Ellos sí que saben cómo ganarse la vida apoyándose en unos valores éticos forjados a base de golpes vitales y visión iluminada reunida del resto de la sociedad (creo que ese foco enlazado a la corriente eléctrica general es una clara metáfora de esto. Están hechos unos poetas).

Me gustaría ser como ellos. Lo vuelvo a reafirmar.

Pero no soy así. Un maestro me dijo en una ocasión que “El mayor indicio de inteligencia es la capacidad de adaptación”, porque aunque no lo crean he tenido muy buenos maestros, y me han soltado cada frase que ya quisiera Bob Marley haber compuesto. Ellos tienen la culpa de que haya querido ser como ellos y haya estudiado lo que estudié. Me enorgullecería que en el futuro alguno de mis alumnos escribiera con la IRONÍA con que he estado haciéndolo yo hasta llegar a este párrafo.

No estoy de acuerdo con el fenómeno okupa. Lo siento, amigos. Respeto vuestras razones y a la vez valoro la funcionalidad y sentido de vuestras acciones con un DEFICIENTE (creo que empiezo a tener complejo de maestro). Más aún cuando veo y escucho a alguno de mis vecinos riéndose y vanagloriándose de su propio atrevimiento (que, según creo recordar, es ILEGAL). Como un niño travieso que se enorgullece de no hacer sus deberes.

Bravo. Viva la madurez. 

Creo que hay mejores formas de luchar contra el sistema que ser el fiel espejo de los enemigos contra los que se lucha. Esa es una de las causas de la pérdida de credibilidad en nuestro sistema bipartidista, tan criticado por todos. El contraatacar con las armas del enemigo, cometiendo sus mismos errores es lo que nos arrebata la razón para siempre.

Siempre he pensado que se puede demostrar al sistema que somos mejores que él usando sus reglas y, llegado ese momento, poder gritar “Yo sobreviví a las trabas de mi época (con más o menos holgura, comodidad o acierto)”, como lo lleva haciendo la sociedad desde el principio de los tiempos.

Puede que yo también sea un idealista sentado en la terraza de una casa que no es suya, prejuzgando a personas que tal vez no tengo el gusto de conocer bien. Tal vez por ello me atreva a decir esto, aupado, como ellos, en un “lo hago porque es lo que hacen ellos”.
Pero sin duda, teniendo la seguridad de que la solución a todo es ser malo. (?)

Así, con un enorme símbolo que indica ironía. Porque todo es muy irónico por estos lares.


domingo, 11 de enero de 2015

Cuento. QUID PRO QUO. Cap 6

CAP. 6 

Némesis



L
as mazmorras situadas en el sótano del palacio de la familia Dark parecen sacadas de una historia medieval. Los barrotes de mi celda tallada en la piedra que conforma la elevación de terreno sobre la que se asienta la construcción son el doble de gruesos que mis brazos. Un rastro de humedad acompaña a un solitario charco de agua estancada con el tiempo por la precipitación de agua entre la roca. Un largo pasillo enlaza con las otras tres estancias similares y desocupadas, terminando en una larga escalera tallada en la piedra que asciende hasta la despensa de la planta baja del palacio.
No puedo creer aún que Kharma me haya traicionado. No puedo creer que hayan raptado y alejado de mí a Lorenz y a Nadia. ¿Es que todo el tiempo fue una espía de su hermano? ¿Es que me ayudó todo este tiempo para que su hermano tuviera una razón para encerrarme aquí y que pasara el resto de mis días oculto mientras ellos disfrutan de sus deseos cumplidos? ¿Es que ella es el diablo y quería evitar que destruyera el mundo que ha creado para adueñarse de nuestras almas a través de nuestros sueños…?
Unos pasos procedentes de la escalera me sacan de mi mundo de cavilaciones. Ni siquiera me acerco a los barrotes para comprobar quién se atreve a visitarme.
El pelo rojizo de Kharma, encendido por la luz de una vela que porta en el interior de un vaso de cristal, ondea cuando se detiene frente a la puerta. Eleva su vista hacia mí, inexpresiva.
-Mark…
No le contesto. Ni siquiera quiero mirarla.
-Debía hacerlo. Quiero ayudarte.
-¿A morir?
Kharma lanza unas llaves a través de los barrotes. Las llaves caen con un tintineo leve y se deslizan hasta el filo del charco, provocando débiles ondas.
-¿Es otra trampa?
-¿Es que no te he ayudado a llegar hasta aquí?
-Bendita ayuda.
-Estás más cerca de los dos últimos libros que nunca.
-¿Dos? Dayron sólo tiene el de mi hermano Lorenz. ¿Es que había otro?
-El de Sol.
Mi silencio resulta tan perturbador que decido romperlo recogiendo la llave. Me dirijo a la puerta y la meto con indecisión en la cerradura. Tarda, pero empieza a girar. Abro con lentitud la verja y me sitúo al otro lado, junto a la chica pelirroja, mirando a la escalera por la que se escurre un rastro de luz a la espera de que algo pase.
-¿Dónde está Sol?-pregunto, sabiendo que es la última persona que querría informarme sobre ella.- ¿Qué sabes sobre ella, Kharma?
Por fin decide mirarme abiertamente a los ojos.
-¿Te has parado a pensar que si destruyes este mundo jamás volverás a verme?
Su pregunta me acribilla como lo hubieran hecho un millar de agujas.
-Prefería no pensar en ello.
-¿Te gusto?
-Tal vez.
-Esa no es una respuesta…
-¿Quieres una respuesta?
-Quiero la verdad.
Sé que esto le va a doler tanto como a mí. Incluso antes de decirlo.
-Puede que me guste la parte de Sol que he visto en ti. Puede que no me gustes tú realmente. Puede que Sol jamás se haya ido de mi mente aunque se fuera de este mundo. Puede que solo quiera regresar por volver a verla…
Kharma, como siempre, se muestra impredecible. Me sonríe mansamente.
-Entonces no tengo más remedio que ayudarte a volver.
-¿Por qué…?
Kharma se mete una mano bajo su gordo jersey de lana y saca por la espalda un delgado tomo azul con una inscripción dorada. Lo deposita en mis dubitativas manos y lo abre por la primera página.
“Me gustaría ser otra persona. Una a la que Mark no tuviera miedo de confesar sus sentimientos. Una que tuviera toda la suerte que me falta para ser feliz.”
-¿Sol…?-pregunto incrédulo.
Kharma cierra los ojos con fuerza activando mi estado de alerta. Una pequeña piedra cae del techo golpeando levemente en la cabeza a la chica provocando un suspiro dolorido.
-¿Qué haces? ¿A qué ha venido eso?
-Necesitaba un poco de mala suerte.
-¿Para qué?
Kharma se acerca tanto que podría contar cada una de sus pestañas.
-Para que al fin decidas besarme.
Creo que cuento con toda la suerte del mundo.

Tras despedazar las hojas del libro, el palacio vuelve a temblar bajo nuestros pies y Kharma se aferra a mí para no caer al suelo desmayada. Cuando todo termina y sólo queda un tomo por eliminar, me sonríe y nos dirigimos hacia la escalera con cautela.
Subimos hacia la colmada despensa con lentitud y poniendo nuestros oídos en cada mínimo sonido. Abrimos la puerta que conduce a la amplia cocina del palacio y somos descubiertos por un hombre.
-¡M-Mark!
La débil voz de Duke Dark me alerta. En vez de huir por donde hemos venido, decido observar al hombre. Duke está pálido, su ropa elegante ha desaparecido, su pelo está sucio y enmarañado y sólo le queda unos andrajosos pantalones y una camiseta llena de grasa. Se apoya sobre la meseta de la cocina con dificultad, como si estuviera a punto de caer rendido.
-¡Señor Dark!
Me dirijo hacia él y lo sostengo antes de que resbale hasta el suelo.
-¿Qué ha ocurrido?
Kharma viene a mi lado y Duke la mira con incredulidad.
-¿Habéis roto el penúltimo libro?-asentimos ambos.- Por eso ella…
Duke nos relata cómo su esposa sufrió unas graves convulsiones con la destrucción del libro de Sol y de repente se levantó y huyó de la habitación donde descansaba. Cuando Duke se reincorporó su cuerpo estaba débil y sus ropas habían vuelto a ser las de antes de llegar a este mundo. Al salir de la habitación se dio cuenta de que los cinco guardias protectores de Dayron se habían evaporado dejando sus ropas en el suelo y Nadia, Dayron y Lorenz habían sido raptados. Ni rastro de Sophie.
-¿Crees que ella puede ser…?-pregunto a Kharma.
-El diablo-contesta Duke-.
-¿Cómo sabe usted eso?-le pregunta Kharma.
-Yo soy el culpable de todo…
Veinte años atrás, fui yo quien tuvo un desafortunado accidente mientras jugaba con mis amigos: tu padre, tu madre, Sophie y mi hermano gemelo Daniel. Me fracturé una muñeca por culpa de unos chicos mayores que fueron más brutos de lo que debían a la hora de ridiculizarnos.
Un viejo ataviado de un traje rojo estrafalario se presentó y nos contó una siniestra historia sobre el diablo. Fue en la víspera del día de Reyes y, como a vosotros, nos animó a escribir nuestros deseos en un papelito y depositarlo en una pequeña urna de cristal transparente. Así fue como el diablo conoció nuestros sueños y nos tendió una trampa.
Yo fui el único que no pidió un deseo. Dejé el papel en blanco, por lo que, al llegar a este mundo de ilusión, supe que algo andaba mal. Al igual que has hecho tú, Mark, me encargué de encontrar y destruir los libros mientras mis amigos trataban de impedírmelo. Cuando encontré el último, el diablo salió a mi encuentro:
-Si eliminas el libro eliminarás el mundo que he creado. Pero si tus amigos siguen deseando estar en él, sus almas me pertenecerán, y tarde o temprano me haré con sus almas…
Confié en que mis amigos y mi hermano recapacitaran y fuesen conscientes de que el diablo los estaba consumiendo usando sus más intensos deseos. Pero no ocurrió así. Destrocé el libro y dejé libre al diablo. El propio diablo me lanzó un haz de fuego que prendió mi mano derecha mientras destrozaba las hojas.
Con los años, me hice gerente de la fábrica negra y traje con ella la maldición de la fiebre eterna a la Villa Blanca. Y ella, como si de una mano del diablo se tratase, fue arrastrando lentamente a tus padres, a mi hermano, a Sophie y a Kharma hasta las garras del diablo…”
-Y por eso ahora quiere llevarse a Dayron y al resto-digo-. Quiere vengarse de ti.
Duke eleva el rostro pesadamente, con los párpados ligeramente caídos, y acerca su mano negra hasta el rostro de Kharma. La roza con sus dedos y el labio de Kharma tiembla.
-Eres Sol, ¿no es cierto?-murmura.- Te pareces tanto a ella…
Kharma sostiene la mano de Duke apretándola contra su rostro.
-¿Nos ayudará a encontrar a Sophie?-digo rompiendo el momento.
-No podría enfrentarme a Sophie. No podría verla convertida en el diablo-a Duke se le escapa un sollozo-. Por favor, no hagáis que la vea así…
Ayudamos a Duke a llegar hasta el salón y lo acostamos sobre el sofá, donde se queda tumbado, sus últimas fuerzas huídas junto a su historia.
-Sólo hay un lugar donde haya podido esconderse, Mark-dice Kharma-. Estoy convencida de que sé donde se encuentra.
Traga saliva a la espera de mi reacción.
-¿A qué esperamos?-digo abrazándola y deseando no tener que soltarla nunca.

Kharma supone que el diablo debe haberse escondido en la habitación más alta del palacio, un ático oscuro situado subiendo una escalera adherida al techo de la habitación de Dayron que el chico solía usar para jugar tranquilo cuando no tenía ganas de ver a nadie. Está segura de que Sophie, o el diablo, está allí atrincherada, débil y a la espera de que no la encuentren.
La habitación de Dayron se encuentra al final de un extenso pasillo colmado de pinturas coloridas. Al abrir la puerta me encuentro con una estancia tan amplia como el salón, repleto de juguetes esparcidos por el suelo, una enorme y esponjosa cama y una ventana con balcón desde la que entran cuchillas de luz sorteando los pequeños copos de nieve que comienzan a caer.
Caminamos sorteando juguetes hasta situarnos junto a la cama. Kharma me señala el techo en silencio. La temperatura es más gélida conforme nos acercamos. Una fina cuerda adornada con una bolita roja al final pende del techo, inmóvil.
Asiento y trago saliva. Kharma se aúpa usando una silla y alcanza la cuerda. Tira de ella y una escalera desciende ante nosotros. Cuando pongo el pie en el primer escalón una corriente gélida acompañada de un grito infernal me azota y me hace caer de espaldas. Tiemblo de miedo y frío. Kharma me ayuda a levantarme y enfrenta con decisión la escalera.
El grito y la corriente vuelven a arreciar pero Kharma no cede. Agarra mi mano y tira de ella tras de sí. Llegamos a la parte superior y todo se calma. Kharma suelta mi mano tras un último largo apretón.
La estancia es triangular y alta. Las paredes blancas, brillantes y heladas se unen en un vértice por el que una ligera capa de vapor se escurre hacia una escapatoria en forma de ventanilla situada a nuestra espalda. El suelo está repleto de nieve. Nadia, Lorenz y Dayron están de pie frente a la enfermiza Sophie, cuyos ojos están hundidos en unas ojeras como agujeros negros. Su piel blanca destella y su pelo rojo desafía las leyes de la gravedad, expandiéndose como atraído por una corriente eléctrica. Su vestido negro con volantes amplios se mece con una brisa inexistente. Una corona dorada adorna su pelo y sujeta una flor de narciso junto a su nariz captando todo su aroma.
No puedo evitar pensar en que el diablo está representando a la diosa griega Némesis, la diosa de la venganza, la fortuna y la justicia retributiva. Adopta la forma de un personaje con poderes similares y complementarios a los de Kharma. Nos está lanzando un mensaje de advertencia.
-Ya ha llegado-susurra-. El destructor de sueños.
No sé qué hacer. Vislumbro entre las manos de Dayron el libro de Lorenz, el último que queda. Debo conseguirlo como sea.
-Dayron, pequeño, hijo mío-le susurra Sophie-. ¿Verdad que no quieres que este mundo desaparezca, ni yo, ni tu hermana Kharma, ni tu casa y amigos? ¿Verdad que me quieres más que a nada en el mundo?
Dayron levanta el rostro. Está tan pálido como su monstruosa madre. Se da la vuelta y la abraza por la cintura.
-Te quiero mucho, mamá. No quiero que te vayas.
Dayron hunde su rostro en el vestido de su madre.
-¿Tampoco vosotros, Nadia, Lorenz?-dice con dulzura la mujer.- ¿Verdad que quieres seguir conservando tu maravillosa vista, Nadia? ¿Verdad que quieres seguir tan sano y fuerte y correr como el viento, Lorenz?
-Sí, señora Dark-responden al unísono.
-Entonces debéis impedir que Mark se haga con el último libro. Debéis hacerle pagar por sus maldades.
Kharma se adelanta a mí. Cierra los ojos con fuerza. No tengo tiempo para evitarlo.
El libro resbala de entre los brazos de Dayron y se desliza con fuerza sobre el hielo hasta golpear mis pies. Lo recojo mientras Sophie lanza una maldición.
-¿Cómo te atreves, niña? No dejaré que rompas el equilibrio del mundo forzando tu suerte.
-Yo misma restableceré el equilibrio-contesta Kharma-.
-¡Recuperadlo!-chilla a los niños.
Mi hermano, mi prima y Dayron corren hacia nosotros. Se echan todos sobre mí y hacen que el libro caiga hacia atrás. Me golpean con fuerza en la cara y cuerpo mientras trato de cubrirme. Kharma los sortea y se dirige hacia Sophie.
-¡Kharma! ¡Cuidado!-acierto a gritar mientras Dayron golpea mi vientre haciéndome perder la respiración.
Kharma se sitúa frente a la mujer con decisión.
-¿Qué vas a hacer pequeña? ¿No querrás hacerle daño a tu enferma madre?-balbucea débil.
-Yo no soy tu hija.
Kharma se gira hacia mí mientras los tres chicos siguen tratando de inmovilizarme. Aprieta los ojos durante varios segundos y un miedo atroz se apodera de mí. Cuando los vuelve a abrir, se gira hacia Sophie.
-Que decida la suerte.
-Soy la diosa de la fortuna. Yo soy quien decido-dice Sophie-.
Sophie la apunta con un dedo que torna fuego en su punta. Va a dispararle.
No puede usar tanta suerte. No de golpe. No para acabar con el diablo.
Kharma echa a correr hacia la mujer. Su dedo en llamas vibra y una bala de fuego recorre en un instante imperceptible la distancia que las separa. Golpea el pecho de Kharma y toda ella se envuelve en llamas.
-¡SOL!-chillo su verdadero nombre.
La chica se abalanza sobre la acorralada mujer y se funde con ella en un abrazo de fuego. Los gritos de ambas me taladran los tímpanos y las fuerzas de Nadia, Lorenz y Dayron se van apagando. Un último estallido y las dos desaparecen como luciérnagas apagándose en la oscuridad.
Exhausto me saco de encima los inertes cuerpos de mis tres amigos. Me levanto y tomo el último libro. Lo desgarro con toda la ira acumulada y grito con todas mis fuerzas mientras mis lágrimas acuden a bañar mis mejillas.
Todo va desapareciendo. Poco a poco.

Nadia ya está acurrucada junto a la mesa en la que hemos puesto la estufa. Se tapa con las faldas de la mesa camilla hasta los ojos. Luce unas gafas nuevas, más delgadas y estilizadas que las antiguas, que resaltan sus ojos rasgados. La hacen muy atractiva. El grueso libro azul con letras doradas descansa sobre la mesa a la espera de que lleguen los demás. Me siento frente a ella.
-Vaya viajecito-le digo-.
-Vaya aventura-conviene Nadia-.
Unos pasos acelerados en la escalera producen una sonora estampida que acaba con la puerta abierta. Lorenz atraviesa enérgico el espacio hasta la mesa y se sienta junto a mí dejando la puerta abierta.
-¡Qué frío!-dice abrazando mi brazo apoyado en la mesa.
-¿Ha llegado ya, Dayron?-pregunta Nadia.
-A-aquí estoy-dice el pequeño Dayron, ruborizado al oír a Nadia pronunciar su nombre-.
Nadia le indica que se siente a su lado y creo que Dayron va a estallar de felicidad. Beso en la cabeza a mi hermano, que se separa de mí impaciente y toma el libro.
-¿Podemos empezar a leerlo ya?-me pregunta.
-No hasta que…
Unos débiles pasos resuenan en el exterior, subiendo las escaleras. Mi corazón empieza a bombear con fuerza inusitada. Fijo mi mirada en el marco de la puerta.
Sol se queda plantada en la entrada.
-Siento llegar tarde-dice sacando la lengua y poniéndose una mano sobre la cabeza-.
Su pelo negro brilla incandescente. Sus ojos me atraviesan el alma. Y cuando sonríe... Ay, cuando sonríe pienso que no existe frío en la Villa Blanca. Ni en el mundo.
 


Cuento. QUID PRO QUO. Cap 5

CAP. 5

Engaño



M
e escabullo rumbo a la ermita para esconderme, sintiéndome perseguido, culpable por lo que acabo de hacer. He abandonado a Kharma después de que me ayudara, he destruido el libro de Dayron y con él su vida y sus deseos. Me siento como el peor de los criminales.
Pero aun habiendo destrozado el libro, el palacio no desapareció, ni lo hizo Sophie ni Kharma… ¿Es que mientras exista uno no acabará todo esto? ¿Es que hasta que no acabe con todos los sueños de mis amigos no volveré a ver a Sol, a mis tíos, a mi hermano?
Me oculto en la copa de un árbol tumbado en una zona deprimida en la ermita, mi lugar favorito para esconderme desde que era pequeño y quería sentirme aislado. Tan sólo Sol me encontró en mi refugio un día en el que me enfadé con ella porque se rió de mí al ganarme en un estúpido juego.
-Sabía que ibas a estar aquí. Ya te había seguido otras veces en las que te has enfadado. Perdona. Por burlarme de ti.
Saber que Sol me conocía incluso mejor que yo mismo y que era capaz de admitir sus errores para poder seguir siendo mi amiga era algo que me dolía tanto como me enamoraba.
Me recuesto sobre las ramas en busca de una posición cómoda mientras la noche me acecha y caigo en un profundo sueño. No siento ningún frío. Es algo sobrenatural. Duermo con la seguridad de que nadie me encontrará aquí.

Unos pasos me despiertan cuando amanece. Intento encogerme pero es imposible. Sus ojos rojizos me captan con facilidad.
-Sabía que ibas a estar aquí. Ya te había seguido otras veces en las que te has enfadado.
Sus palabras me paralizan.
-Perdona-termino-. Por abandonarte ayer...
Kharma niega con la cabeza. ¿Es que al no existir Sol ella ha ocupado su lugar? ¿Es que es ella mi mejor amiga en este mundo? Pero no la puedo querer… No si Sol sigue estando en mi mente.
Bajo con cuidado del árbol y me siento junto a ella. Tiene un pequeño vendaje en la cabeza y la mejilla derecha de nuevo enrojecida. Elevo mi mano en un amago de acariciarla, intentando apaciguar su dolor, pero su mirada me detiene.
-Supieron que te había ayudado en cuanto me encontraron herida…
-Lo siento.
-Deja de decir eso. Lo hice porque quise.
No sigas. Por favor. No agrandes mi deuda.
-¿Cómo están las cosas en tu casa?-pregunto.
-Mamá está muy débil. Parece que ha enfermado.
Me siento culpable de todo el sufrimiento de Kharma. Y de Dayron.
-¿Por qué tú no enfermas?-le pregunto.
Kharma se encoge de hombros incapaz de mirarme.
-Dayron ha lanzado un anuncio en el pueblo. Ha pedido a todos los que tengan un libro como el que rompiste que se lo entreguen o te capturen. Dice que pagará un alto precio al que cumpla con sus deseos.
-¿Me vas a entregar tú?-pregunto, sospechando la respuesta.
-Yo vivo con Dayron. Tengo todo el dinero que él pueda regalar por los libros o por tu cabeza.
-No lo haces por mí entonces.
Los ojos rojizos de Kharma me rozan antes de ponerse en pie.
-¿No crees que Lorenz y Nadia le llevarán sus libros enseguida?-me lanza.- Deberíamos ir a vigilar la entrada, ¿no?
Me guiña un ojo de nuevo y se pone en camino, subiendo por las arenas rumbo a la ermita para volver al pueblo. Es una suerte tenerla a ella en este mundo. No sé qué haría sin ella.

Nos ocultamos tras una caseta de madera situada a tres decenas de metros de la entrada a la mansión, ocultos de la vista de los transeúntes. Kharma me ha facilitado su abrigo con capucha para proteger el rostro de las miradas atrevidas y se ha quedado únicamente con un grueso chaleco de lana de tono beige claro cuyo grosor la hace parecer veinte kilos más gorda. En la entrada, Edric y Daryle esperan impacientes la llegada del valioso botín de Dayron.
Esperamos alrededor de una hora y media hasta que vemos a alguien sospechoso. Es un chico muy pequeño, de pelo alborotado y rostro oculto bajo una bufanda que camina sobre las punteras de los pies con nerviosismo, abrazando entre sus manos algo en el pecho.
Reconozco los tristes ojos grises de Lorenz asomando sobre la bufanda. Anda muy deprisa. No necesita la silla de ruedas. Es maravilloso. Me alegra verlo así.
-¡Lo…!
Kharma cierra mi boca para que los guardias no me escuchen. Lorenz cae en la cuenta de mi presencia y sin pensarlo echa a correr a una velocidad pasmosa camino a la mansión. Me quedo boquiabierto al ver a mi desvalido hermano convertido en un saludable y ágil chico que huye de mí, directo a la boca del lobo, a las garras de Dayron.
-¿Por qué…?-susurro incapaz de entender la reacción de Lorenz.
-Lorenz nunca fue lo que se dice un alma gemela tuya, Mark-dice Kharma posando una mano en mi hombro-. Nunca se os vio juntos desde la desaparición de tus padres, y tenéis diferentes amistades. Es lógico que no quiera ponerse de tu parte en esto. Ni siquiera Nadia lo hizo…
Suspiro. Ni siquiera Nadia lo hizo. Es cierto.
Otros pasos acercándose captan nuestra atención. La inconfundible figura de Nadia, sus ojos pequeños y su pelo castaño avanzan rumbo a la mansión por la carretera ascendente. Esta vez no quiero llamarla. Me quito la capucha de la cabeza y me coloco en un punto en el que su nueva mirada no tardará en diferenciarme y donde Edric y Daryle no pueden verme. Nadia no tarda en caer en la cuenta de mi presencia. Se dirige con disimulo y resignación hacia mí desviándose del camino.
-¿Le vas a entregar el libro, Nadia?-pregunto con tranquilidad.
Nadia deja asomar su tomo entre las manos y lo observa con cautela.
-Preferiría entregarte a ti y acabar con todo esto-dice con una seriedad intimidante-. No quiero irme de este mundo.
-Es una manera cobarde e infantil de seguir viviendo. Si todo es cierto, como en la historia que nos contó aquel viejo…
-El diablo no existe, Mark. No hay nada en este mundo que esté mal.
-¡Sol no está!-veo a Kharma moverse intranquila ante la pronunciación de ese nombre que tanto le molesta oír.- ¡Ni tus padres! Y Lorenz acaba de huir de mí para entregarle su libro a Dayron… ¡Hay muchas cosas mal!
-Puede que seas el único que quiere volver-dice Nadia-. ¿Verdad, Kharma?
Kharma tarda en articular palabra, todas perdidas o atascadas camino de su lengua.
-Voy a entrar en la mansión-enuncia-. Trataré de convencer a Lorenz de que hable contigo Mark. Hablad los tres cuando salga y decidid qué es lo mejor para vosotros…
Soy yo ahora quien se queda sin palabras. Puede que esté siendo muy egoísta con Kharma al querer destruir este mundo. Pero ella no existe en realidad…
La vemos alejarse en un incómodo silencio, siendo recibida por los guardias con seriedad. Saben que traicionó a la familia Dark ayudándome. Ya no la consideran tan digna de protección ni halagos.
-¿Sigues queriendo destruir este mundo y hacer desaparecer a Kharma?-pregunta Nadia, la mirada perdida en el rojo cabello de la chica alejándose.- Ella daría lo que fuera por hacerte feliz y tú solo quieres hacerla desaparecer…
A pesar de ser pequeña, los cuchillos que lanza Nadia son mortales de necesidad. Tal vez estar habituada a los insultos por su escasa vista y sus gafas le ayudaron a ganar un máster en contestación y daño psicológico.
-Yo quiero a Sol…
-Sol no existe ahora. Puede que ella sea la que de verdad merezca que la quieras. Puede que no quieras darte cuenta y sigas empeñado en ver perfecta a Sol…
-Era también tu amiga, Nadia-le recrimino-.
-No en este mundo. Este es mi mundo ahora.
Sin que lo espere, deposita su libro en mis manos.
-Haz lo que quieras con él. Destrózanos la vida, acaba con nuestros deseos-dice aferrándome las manos sobre el libro-. Pero prométeme que será para bien.
Abro el libro de Nadia mientras la sigo mirando. Su deseo impreso la avergüenza. Tan sólo quería recuperar la vista y que dejaran de reírse de ella. Es algo tan simple que nadie debería poder negarle.
Rompo el libro ante sus ojos mientras evita ver los trozos de su tomo caer y quedar empapados en la nieve bajo nuestros zapatos.

Lorenz sale por el sendero atravesando la verja al cabo de unos minutos traspasando el cerco formado por la pareja de guardias. Lo esperamos expectantes acercarse, sus andares danzarines desconocidos para ambos. Hasta que no llega hasta nosotros escabulléndose para que no lo vean no levanta la vista para mirarnos.
-Lorenz-me acerco.- ¿Le has entregado el libro?
-Sí.
No sé qué decirle.
-¿Querías destruirlo?-me pregunta. Asiento débilmente.- ¿Quieres destruir todos nuestros deseos cumplidos?
-Quiero volver a nuestro mundo. Con Sol, con nuestros tíos…
-Con tu enfermedad y tus problemas-añade Nadia acusadora-.
-Con mi enfermedad y mi incapacidad para dar dos pasos sin una silla de ruedas…-continúa mi hermano.
-Lorenz…
-¡Yo no quiero volver Mark!-enfurece mi hermano pequeño. De sus ojos brotan sendas lágrimas agrias.- Tú lo tienes todo en el otro mundo: amigos, la capacidad para salir a jugar a la calle por ti mismo, puedes correr cuanto quieras, puedes respirar aire puro… ¡Yo no tengo nada! Debo permanecer en casa para que el frío no empeore mi enfermedad, soy un debilucho que no puede jugar a otra cosa que no sean juegos de mesa. ¡Soy un inútil!
-No es cierto, Lorenz…-protesto.
-¡Tú lo tienes todo! Incluso Sol quiere ser tu novia, y es una chica fantástica. A mí nunca me querrá nadie ni podré tener novia…
-¡No es cierto!
-Mark, tranquilízate-sugiere Nadia situándose entre ambos-.
-Yo no tengo la atención de nuestros tíos, de Nadia, de Sol cuando tú estás presente. Todos se vuelcan contigo para que te sientas bien y se olvidan de mí. He crecido teniendo que tragarme mis problemas y solucionarlos, sabiendo que tú merecías más cuidados que yo, soportando que incluso mis amigos te tuvieran más cariño que a mí…
-Eso es egoísta, Mark-retrocede Lorenz-.
-El día antes del accidente de Dayron los médicos me dijeron que moriría en breve. ¿Sigues creyendo que lo tengo todo?
Nadia y Lorenz se quedan sin respiración. No he debido confesarlo. Ha sido un impulso, el verme acorralado ante tales acusaciones. No soy el enemigo de todos como quieren creer. Yo solo quiero volver…
-Y aún así ¿quieres volver y estar enfermo?-dice Nadia.
Pienso en Sol. Y en Kharma.
-No lo sé…
-Lo siento, Mark-se gira Lorenz-. No te dejaremos acabar con este mundo.
Frunzo el ceño sin comprender.
-¿Y qué vais a hacer? ¿Entregarme?-los desafío.
-No. Lo va a hacer Kharma-sentencia Lorenz-. Ella me lo ha dicho.
Duke, Sophie y los cinco integrantes de la guardia de Dayron aparecen de detrás de la caseta de madera y nos rodean. Edric y Duke me apresan sin que pueda evitarlo y Daryle y Luca toman también a Nadia y a Lorenz.
-Se acabó, Mark-me dice Duke Dark con decisión-.
Sophie tose bruscamente y el padre da Dayron acude solícito a ayudarla. Ambos se quedan mirando el tomo de Nadia roto en pedazos y empapado sobre la nieve. En la mano de la madre de Dayron aparece un rastro de sangre nada agradable y Duke no puede contener las lágrimas.

CAP. 6 --> http://novelaelgenv.blogspot.com.es/2015/01/cuento-quid-pro-quo-cap-6.html