CAP. 6
Némesis
as mazmorras situadas en el
sótano del palacio de la familia Dark parecen sacadas de una historia medieval.
Los barrotes de mi celda tallada en la piedra que conforma la elevación de terreno
sobre la que se asienta la construcción son el doble de gruesos que mis brazos.
Un rastro de humedad acompaña a un solitario charco de agua estancada con el
tiempo por la precipitación de agua entre la roca. Un largo pasillo enlaza con
las otras tres estancias similares y desocupadas, terminando en una larga
escalera tallada en la piedra que asciende hasta la despensa de la planta baja
del palacio.
No puedo creer aún que Kharma me
haya traicionado. No puedo creer que hayan raptado y alejado de mí a Lorenz y a
Nadia. ¿Es que todo el tiempo fue una espía de su hermano? ¿Es que me ayudó
todo este tiempo para que su hermano tuviera una razón para encerrarme aquí y
que pasara el resto de mis días oculto mientras ellos disfrutan de sus deseos
cumplidos? ¿Es que ella es el diablo y quería evitar que destruyera el mundo
que ha creado para adueñarse de nuestras almas a través de nuestros sueños…?
Unos pasos procedentes de la
escalera me sacan de mi mundo de cavilaciones. Ni siquiera me acerco a los
barrotes para comprobar quién se atreve a visitarme.
El pelo rojizo de Kharma,
encendido por la luz de una vela que porta en el interior de un vaso de cristal,
ondea cuando se detiene frente a la puerta. Eleva su vista hacia mí,
inexpresiva.
-Mark…
No le contesto. Ni siquiera
quiero mirarla.
-Debía hacerlo. Quiero ayudarte.
-¿A morir?
Kharma lanza unas llaves a través
de los barrotes. Las llaves caen con un tintineo leve y se deslizan hasta el
filo del charco, provocando débiles ondas.
-¿Es otra trampa?
-¿Es que no te he ayudado a
llegar hasta aquí?
-Bendita ayuda.
-Estás más cerca de los dos
últimos libros que nunca.
-¿Dos? Dayron sólo tiene el de mi
hermano Lorenz. ¿Es que había otro?
-El de Sol.
Mi silencio resulta tan
perturbador que decido romperlo recogiendo la llave. Me dirijo a la puerta y la
meto con indecisión en la cerradura. Tarda, pero empieza a girar. Abro con
lentitud la verja y me sitúo al otro lado, junto a la chica pelirroja, mirando
a la escalera por la que se escurre un rastro de luz a la espera de que algo pase.
-¿Dónde está Sol?-pregunto,
sabiendo que es la última persona que querría informarme sobre ella.- ¿Qué sabes
sobre ella, Kharma?
Por fin decide
mirarme abiertamente a los ojos.
-¿Te has parado a
pensar que si destruyes este mundo jamás volverás a verme?
Su pregunta me acribilla como lo hubieran hecho un millar de agujas.
-Prefería no pensar en ello.
-¿Te gusto?
-Tal vez.
-Esa no es una respuesta…
-¿Quieres una respuesta?
-Quiero la verdad.
Sé que esto le va a doler tanto como a mí. Incluso antes de decirlo.
-Puede que me guste la parte de Sol que he visto en ti. Puede que no me
gustes tú realmente. Puede que Sol jamás se haya ido de mi mente aunque se
fuera de este mundo. Puede que solo quiera regresar por volver a verla…
Kharma, como siempre, se muestra impredecible. Me sonríe mansamente.
-Entonces no tengo más remedio que ayudarte a volver.
-¿Por qué…?
Kharma se mete una mano bajo su gordo jersey de lana y saca por la
espalda un delgado tomo azul con una inscripción dorada. Lo deposita en mis
dubitativas manos y lo abre por la primera página.
“Me gustaría ser otra persona. Una a la que Mark no tuviera miedo de
confesar sus sentimientos. Una que tuviera toda la suerte que me falta para ser
feliz.”
-¿Sol…?-pregunto incrédulo.
Kharma cierra los ojos con fuerza activando mi estado de alerta. Una
pequeña piedra cae del techo golpeando levemente en la cabeza a la chica provocando
un suspiro dolorido.
-¿Qué haces? ¿A qué ha venido eso?
-Necesitaba un poco de mala suerte.
-¿Para qué?
Kharma se acerca tanto que podría contar cada una de sus pestañas.
-Para que al fin decidas besarme.
Creo que cuento con toda la suerte del mundo.
Tras despedazar las hojas del libro, el palacio vuelve a temblar bajo
nuestros pies y Kharma se aferra a mí para no caer al suelo desmayada. Cuando
todo termina y sólo queda un tomo por eliminar, me sonríe y nos dirigimos hacia
la escalera con cautela.
Subimos hacia la colmada despensa con lentitud y poniendo nuestros oídos
en cada mínimo sonido. Abrimos la puerta que conduce a la amplia cocina del
palacio y somos descubiertos por un hombre.
-¡M-Mark!
La débil voz de Duke Dark me alerta. En vez de huir por donde hemos
venido, decido observar al hombre. Duke está pálido, su ropa elegante ha
desaparecido, su pelo está sucio y enmarañado y sólo le queda unos andrajosos
pantalones y una camiseta llena de grasa. Se apoya sobre la meseta de la cocina
con dificultad, como si estuviera a punto de caer rendido.
-¡Señor Dark!
Me dirijo hacia él y lo sostengo antes de que resbale hasta el suelo.
-¿Qué ha ocurrido?
Kharma viene a mi lado y Duke la mira con incredulidad.
-¿Habéis roto el penúltimo libro?-asentimos ambos.- Por eso ella…
Duke nos relata cómo su esposa sufrió unas graves convulsiones con la
destrucción del libro de Sol y de repente se levantó y huyó de la habitación
donde descansaba. Cuando Duke se reincorporó su cuerpo estaba débil y sus ropas
habían vuelto a ser las de antes de llegar a este mundo. Al salir de la
habitación se dio cuenta de que los cinco guardias protectores de Dayron se
habían evaporado dejando sus ropas en el suelo y Nadia, Dayron y Lorenz habían
sido raptados. Ni rastro de Sophie.
-¿Crees que ella puede ser…?-pregunto a Kharma.
-El diablo-contesta Duke-.
-¿Cómo sabe usted eso?-le pregunta Kharma.
-Yo soy el culpable de todo…
“Veinte años atrás, fui yo quien
tuvo un desafortunado accidente mientras jugaba con mis amigos: tu padre, tu
madre, Sophie y mi hermano gemelo Daniel. Me fracturé una muñeca por culpa de
unos chicos mayores que fueron más brutos de lo que debían a la hora de
ridiculizarnos.
Un viejo ataviado de un traje
rojo estrafalario se presentó y nos contó una siniestra historia sobre el
diablo. Fue en la víspera del día de Reyes y, como a vosotros, nos animó a
escribir nuestros deseos en un papelito y depositarlo en una pequeña urna de
cristal transparente. Así fue como el diablo conoció nuestros sueños y nos
tendió una trampa.
Yo fui el único que no pidió
un deseo. Dejé el papel en blanco, por lo que, al llegar a este mundo de
ilusión, supe que algo andaba mal. Al igual que has hecho tú, Mark, me encargué
de encontrar y destruir los libros mientras mis amigos trataban de impedírmelo.
Cuando encontré el último, el diablo salió a mi encuentro:
-Si eliminas el libro
eliminarás el mundo que he creado. Pero si tus amigos siguen deseando estar en
él, sus almas me pertenecerán, y tarde o temprano me haré con sus almas…
Confié en que mis amigos y mi
hermano recapacitaran y fuesen conscientes de que el diablo los estaba consumiendo
usando sus más intensos deseos. Pero no ocurrió así. Destrocé el libro y dejé
libre al diablo. El propio diablo me lanzó un haz de fuego que prendió mi mano
derecha mientras destrozaba las hojas.
Con los años, me hice gerente
de la fábrica negra y traje con ella la maldición de la fiebre eterna a la
Villa Blanca. Y ella, como si de una mano del diablo se tratase, fue
arrastrando lentamente a tus padres, a mi hermano, a Sophie y a Kharma hasta
las garras del diablo…”
-Y por eso ahora quiere llevarse a Dayron y al resto-digo-. Quiere
vengarse de ti.
Duke eleva el rostro pesadamente, con los párpados ligeramente caídos, y
acerca su mano negra hasta el rostro de Kharma. La roza con sus dedos y el
labio de Kharma tiembla.
-Eres Sol, ¿no es cierto?-murmura.- Te pareces tanto a ella…
Kharma sostiene la mano de Duke apretándola contra su rostro.
-¿Nos ayudará a encontrar a Sophie?-digo rompiendo el momento.
-No podría enfrentarme a Sophie. No podría verla convertida en el
diablo-a Duke se le escapa un sollozo-. Por favor, no hagáis que la vea así…
Ayudamos a Duke a llegar hasta el salón y lo acostamos sobre el sofá,
donde se queda tumbado, sus últimas fuerzas huídas junto a su historia.
-Sólo hay un lugar donde haya podido esconderse, Mark-dice Kharma-. Estoy
convencida de que sé donde se encuentra.
Traga saliva a la espera de mi reacción.
-¿A qué esperamos?-digo abrazándola y deseando no tener que soltarla
nunca.
Kharma supone que el diablo debe
haberse escondido en la habitación más alta del palacio, un ático oscuro
situado subiendo una escalera adherida al techo de la habitación de Dayron que
el chico solía usar para jugar tranquilo cuando no tenía ganas de ver a nadie.
Está segura de que Sophie, o el diablo, está allí atrincherada, débil y a la
espera de que no la encuentren.
La habitación de Dayron se
encuentra al final de un extenso pasillo colmado de pinturas coloridas. Al
abrir la puerta me encuentro con una estancia tan amplia como el salón, repleto
de juguetes esparcidos por el suelo, una enorme y esponjosa cama y una ventana
con balcón desde la que entran cuchillas de luz sorteando los pequeños copos de
nieve que comienzan a caer.
Caminamos sorteando juguetes
hasta situarnos junto a la cama. Kharma me señala el techo en silencio. La
temperatura es más gélida conforme nos acercamos. Una fina cuerda adornada con
una bolita roja al final pende del techo, inmóvil.
Asiento y trago saliva. Kharma se
aúpa usando una silla y alcanza la cuerda. Tira de ella y una escalera desciende
ante nosotros. Cuando pongo el pie en el primer escalón una corriente gélida
acompañada de un grito infernal me azota y me hace caer de espaldas. Tiemblo de
miedo y frío. Kharma me ayuda a levantarme y enfrenta con decisión la escalera.
El grito y la corriente vuelven a
arreciar pero Kharma no cede. Agarra mi mano y tira de ella tras de sí. Llegamos
a la parte superior y todo se calma. Kharma suelta mi mano tras un último largo
apretón.
La estancia es triangular y alta.
Las paredes blancas, brillantes y heladas se unen en un vértice por el que una
ligera capa de vapor se escurre hacia una escapatoria en forma de ventanilla
situada a nuestra espalda. El suelo está repleto de nieve. Nadia, Lorenz y
Dayron están de pie frente a la enfermiza Sophie, cuyos ojos están hundidos en
unas ojeras como agujeros negros. Su piel blanca destella y su pelo rojo
desafía las leyes de la gravedad, expandiéndose como atraído por una corriente
eléctrica. Su vestido negro con volantes amplios se mece con una brisa
inexistente. Una corona dorada adorna su pelo y sujeta una flor de narciso
junto a su nariz captando todo su aroma.
No puedo evitar pensar en que el
diablo está representando a la diosa griega Némesis, la diosa de la venganza,
la fortuna y la justicia retributiva. Adopta la forma de un personaje con
poderes similares y complementarios a los de Kharma. Nos está lanzando un
mensaje de advertencia.
-Ya ha llegado-susurra-. El destructor de sueños.
No sé qué hacer. Vislumbro entre
las manos de Dayron el libro de Lorenz, el último que queda. Debo conseguirlo
como sea.
-Dayron, pequeño, hijo mío-le
susurra Sophie-. ¿Verdad que no quieres que este mundo desaparezca, ni yo, ni
tu hermana Kharma, ni tu casa y amigos? ¿Verdad que me quieres más que a nada
en el mundo?
Dayron levanta el rostro. Está
tan pálido como su monstruosa madre. Se da la vuelta y la abraza por la cintura.
-Te quiero mucho, mamá. No quiero
que te vayas.
Dayron hunde su rostro en el
vestido de su madre.
-¿Tampoco vosotros, Nadia,
Lorenz?-dice con dulzura la mujer.- ¿Verdad que quieres seguir conservando tu
maravillosa vista, Nadia? ¿Verdad que quieres seguir tan sano y fuerte y correr
como el viento, Lorenz?
-Sí, señora Dark-responden al
unísono.
-Entonces debéis impedir que Mark
se haga con el último libro. Debéis hacerle pagar por sus maldades.
Kharma se adelanta a mí. Cierra
los ojos con fuerza. No tengo tiempo para evitarlo.
El libro resbala de entre los
brazos de Dayron y se desliza con fuerza sobre el hielo hasta golpear mis pies.
Lo recojo mientras Sophie lanza una maldición.
-¿Cómo te atreves, niña? No
dejaré que rompas el equilibrio del mundo forzando tu suerte.
-Yo misma restableceré el
equilibrio-contesta Kharma-.
-¡Recuperadlo!-chilla a los niños.
Mi hermano, mi prima y Dayron
corren hacia nosotros. Se echan todos sobre mí y hacen que el libro caiga hacia
atrás. Me golpean con fuerza en la cara y cuerpo mientras trato de cubrirme.
Kharma los sortea y se dirige hacia Sophie.
-¡Kharma! ¡Cuidado!-acierto a
gritar mientras Dayron golpea mi vientre haciéndome perder la respiración.
Kharma se sitúa frente a la mujer
con decisión.
-¿Qué vas a hacer pequeña? ¿No
querrás hacerle daño a tu enferma madre?-balbucea débil.
-Yo no soy tu hija.
Kharma se gira hacia mí mientras
los tres chicos siguen tratando de inmovilizarme. Aprieta los ojos durante
varios segundos y un miedo atroz se apodera de mí. Cuando los vuelve a abrir,
se gira hacia Sophie.
-Que decida la suerte.
-Soy la diosa de la fortuna. Yo
soy quien decido-dice Sophie-.
Sophie la apunta con un dedo que
torna fuego en su punta. Va a dispararle.
No puede usar tanta suerte. No de
golpe. No para acabar con el diablo.
Kharma echa a correr hacia la
mujer. Su dedo en llamas vibra y una bala de fuego recorre en un instante
imperceptible la distancia que las separa. Golpea el pecho de Kharma y toda
ella se envuelve en llamas.
-¡SOL!-chillo su verdadero
nombre.
La chica se abalanza sobre la
acorralada mujer y se funde con ella en un abrazo de fuego. Los gritos de ambas
me taladran los tímpanos y las fuerzas de Nadia, Lorenz y Dayron se van
apagando. Un último estallido y las dos desaparecen como luciérnagas apagándose
en la oscuridad.
Exhausto me saco de encima los
inertes cuerpos de mis tres amigos. Me levanto y tomo el último libro. Lo
desgarro con toda la ira acumulada y grito con todas mis fuerzas mientras mis
lágrimas acuden a bañar mis mejillas.
Todo va desapareciendo. Poco a
poco.
Nadia ya está acurrucada junto a
la mesa en la que hemos puesto la estufa. Se tapa con las faldas de la mesa
camilla hasta los ojos. Luce unas gafas nuevas, más delgadas y estilizadas que
las antiguas, que resaltan sus ojos rasgados. La hacen muy atractiva. El grueso
libro azul con letras doradas descansa sobre la mesa a la espera de que lleguen
los demás. Me siento frente a ella.
-Vaya viajecito-le digo-.
-Vaya aventura-conviene Nadia-.
Unos pasos acelerados en la
escalera producen una sonora estampida que acaba con la puerta abierta. Lorenz
atraviesa enérgico el espacio hasta la mesa y se sienta junto a mí dejando la
puerta abierta.
-¡Qué frío!-dice abrazando mi
brazo apoyado en la mesa.
-¿Ha llegado ya, Dayron?-pregunta
Nadia.
-A-aquí estoy-dice el pequeño
Dayron, ruborizado al oír a Nadia pronunciar su nombre-.
Nadia le indica que se siente a
su lado y creo que Dayron va a estallar de felicidad. Beso en la cabeza a mi
hermano, que se separa de mí impaciente y toma el libro.
-¿Podemos empezar a leerlo ya?-me
pregunta.
-No hasta que…
Unos débiles pasos resuenan en el
exterior, subiendo las escaleras. Mi corazón empieza a bombear con fuerza inusitada.
Fijo mi mirada en el marco de la puerta.
Sol se queda plantada en la
entrada.
-Siento llegar tarde-dice sacando
la lengua y poniéndose una mano sobre la cabeza-.
Su pelo negro brilla
incandescente. Sus ojos me atraviesan el alma. Y cuando sonríe... Ay, cuando
sonríe pienso que no existe frío en la Villa Blanca. Ni en el mundo.