...Recuerdo una ocasión en que Germán se retiró a descansar temprano, disculpándose como siempre con sus exquisitos modales de caballero decimonónico. Yo me quedé a solas con Marina en la sala de retratos. Me sonrió enigmáticamente y me dijo que estaba escribiendo sobre mí. La idea me dejó aterrado.
-¿Sobre mí? ¿Qué quieres decir con escribir sobre mí?
-Quiero decir acerca de ti, no encima de ti, usándote como escritorio.
-Hasta ahí llego.
Marina disfrutaba con mi súbito nerviosismo.
-¿Entonces?-preguntó-. ¿O es que tienes tan bajo concepto de ti mismo que no crees que valga la pena escribir sobre ti?
No tenía respuesta para aquella pregunta. Opté por cambiar de estrategia y tomar la ofensiva. Eso me lo había enseñado Germán en sus lecciones de ajedrez. Estrategia básica: cuando te pillen con los calzones bajados, echa a gritar y ataca.
-Bueno, si es así, no tendrás más remedio que dejarme leerlo-apunté-.
Marina enarcó una ceja, indecisa.
-Estoy en mi derecho de saber lo que se escribe sobre mí-añadí-.
-A lo mejor no te gusta.
-A lo mejor. O a lo mejor sí.
-Lo pensaré.
-Estaré esperando.
MARINA
C.R. ZAFÓN