Cuando regresó con el café humeante, ya había finalizado la última página. Isabella se sentó frente a mí. Le sonreí y degusté con calma el exquisito café. La muchacha se retorcía las manos y apretaba los dientes, lanzando miradas furtivas a las cuartillas de su relato que yo había dejado boca abajo en la mesa. Aguantó un par de minutos sin abrir la boca.
-¿Y?-dijo finalmente.
-Soberbio.
Se le iluminó el rostro.
-¿Mi relato?
-El café.
Me miró, herida, y se levantó a recoger sus cuartillas.
-Déjalas donde están-ordené.
-¿Para qué? Está claro que no le han gustado y que piensa que soy una pobre idiota.
-No he dicho eso.
-No ha dicho nada, que es peor.
-Isabella, si realmente quieres dedicarte a escribir, o al menos escribir para que otros te lean, vas a tener que acostumbrarte a que a veces te ignoren, te insulten, te desprecien y casi siempre te muestren indiferencia. Es una de las ventajas del oficio.
Isabella bajó la mirada y respiró profundamente.
-Yo no sé si tengo talento. Sólo sé que me gusta escribir. O, mejor dicho, que necesito escribir.
-Mentirosa.
Levantó la mirada y me miró con dureza.
-Muy bien. Tengo talento. Y me importa un comino si usted cree que no lo tengo.
Sonreí.
-Eso ya me gusta más. No podía estar más de acuerdo.
Me miró confundida.
-¿En lo de que tengo talento o en lo de que usted no cree que lo tengo?
-¿A ti qué te parece?
-Entonces, ¿cree usted que tengo posibilidades?
-Creo que tienes talento y ganas, Isabella. Más del que crees y menos del que esperas. Pero hay muchas personas que tienen talento y ganas, y muchas de ellas nunca llegan a nada. Ése es sólo el principio para hacer cualquier cosa en la vida. El talento natural es como la fuerza de un atleta. Se puede nacer con más o menos facultades, pero nadie llega a ser un atleta sencillamente porque ha nacido alto o fuerte o rápido. Lo que hace al atleta, o al artista, es el trabajo, el oficio y la técnica. La inteligencia con la que naces es simplemente munición. Para llegar a hacer algo con ella es necesario que transformes tu mente en un arma de precisión.
-¿Y lo del símil bélico?
-Toda obra de arte es agresiva, Isabella. Y toda vida de artista es una pequeña o gran guerra, empezando con uno mismo y sus limitaciones. Para llegar a cualquier cosa que te propongas hace falta primero la ambición y luego el talento, el conocimiento y, finalmente, la oportunidad.
-¿Le suelta usted este discurso a todo el mundo o se le acaba de ocurrir?
-El discurso no es mío. Me lo soltó, como tú dices, alguien a quien hice las mismas preguntas que tú me estás haciendo a mí. De eso hace muchos años, pero no hay día que pase que no me dé cuenta de la razón que tenía.
...
CARLOS RUIZ ZAFÓN
EL JUEGO DEL ÁNGEL