Sentado en la terraza de la casa
donde vivo, cuando cae la tarde, oculto entre la ropa tendida, no puedo evitar observar con curiosidad a mis
nuevos VECINOS. Así, sin comillas ni nada. Vecinos. Porque gracias a su firme espíritu
de rebeldía y ética han desafiado a un sistema que nos oprime.
¿Que cómo?
Pues haciéndose dueños de unas
casas desaprovechadas. ¿Es que no sabéis que hay más del doble de viviendas
desocupadas en España que personas sin techo? Vaya desperdicio. Casi me resulta
irrisorio el aeropuerto de Castellón en comparación a este dato.
Mis vecinos iluminan sus nuevos
hogares una vez nos abandona el astro rey con un opulento foco que permanece
toda la noche encendido, estrella fugaz y permanente a la vez, iluminándoles el camino e impidiendo
que pierdan el rumbo en su arriesgada apuesta.
Chapó.
Me gustaría ser como ellos. A
veces me arrepiento de ser un esclavo del sistema y tratar de esforzarme cada
día por hallar un futuro que en este país se haya oculto bajo las capas de influencia de unos
cuantos empresarios capitalistas.
Sí, sí. Me gustaría ser como mis
vecinos. Lo reafirmo. Tan alejados del prototipo publicado recientemente pero creado desde la pubertad por el pequeño Nicolás, santo del caradurismo. Ellos sí
que saben cómo ganarse la vida apoyándose en unos valores éticos forjados a
base de golpes vitales y visión iluminada reunida del resto de la sociedad
(creo que ese foco enlazado a la corriente eléctrica general es una clara
metáfora de esto. Están hechos unos poetas).
Me gustaría ser como ellos. Lo vuelvo
a reafirmar.
Pero no soy así. Un maestro me
dijo en una ocasión que “El mayor indicio de inteligencia es la capacidad de adaptación”,
porque aunque no lo crean he tenido muy buenos maestros, y me han soltado cada
frase que ya quisiera Bob Marley haber compuesto. Ellos tienen la culpa de que
haya querido ser como ellos y haya estudiado lo que estudié. Me enorgullecería
que en el futuro alguno de mis alumnos escribiera con la IRONÍA con que he
estado haciéndolo yo hasta llegar a este párrafo.
No estoy de acuerdo con el
fenómeno okupa. Lo siento, amigos. Respeto vuestras razones y a la vez valoro
la funcionalidad y sentido de vuestras acciones con un DEFICIENTE (creo que empiezo a tener complejo de maestro). Más aún
cuando veo y escucho a alguno de mis vecinos riéndose y vanagloriándose de su
propio atrevimiento (que, según creo recordar, es ILEGAL). Como un niño travieso
que se enorgullece de no hacer sus deberes.
Bravo. Viva la madurez.
Creo que hay mejores formas de
luchar contra el sistema que ser el fiel espejo de los enemigos contra los que
se lucha. Esa es una de las causas de la pérdida de credibilidad en nuestro
sistema bipartidista, tan criticado por todos. El contraatacar con las armas del enemigo, cometiendo sus
mismos errores es lo que nos arrebata la razón para siempre.
Siempre he pensado que se puede
demostrar al sistema que somos mejores que él usando sus reglas y, llegado ese
momento, poder gritar “Yo sobreviví a las trabas de mi época (con
más o menos holgura, comodidad o acierto)”, como lo lleva haciendo la sociedad desde el
principio de los tiempos.
Puede que yo también sea un
idealista sentado en la terraza de una casa que no es suya, prejuzgando a
personas que tal vez no tengo el gusto de conocer bien. Tal vez por ello me
atreva a decir esto, aupado, como ellos, en un “lo hago porque es lo que hacen
ellos”.
Pero sin duda, teniendo la
seguridad de que la solución a todo es ser malo. (?)
Así, con un enorme símbolo que
indica ironía. Porque todo es muy irónico por estos lares.
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