CAP. 4
Medio
A
|
la llegada de la
tarde unos gritos interrumpen el sueño que he tardado en atrapar. La alerta de
que se trate de Dayron, de su padre, su madre o el equipo de la muerte me
aceleran el corazón.
-¡Mark! ¡Abre la puerta, pedazo de gallina!
Es Kharma. No sé si pensar que es un alivio o una
maldición. Bajo y le abro la puerta para sentir como
se cuela en casa como una
corriente de viento frío. La sigo hasta el salón, donde se sienta y se da la
vuelta al fin. No puedo
evitar dejar escapar un grito de sorpresa al verle el
rostro. Tiene el labio roto, la mejilla derecha enrojecida y luce más
despeinada que nunca.
se cuela en casa como una
corriente de viento frío. La sigo hasta el salón, donde se sienta y se da la
vuelta al fin. No puedo
evitar dejar escapar un grito de sorpresa al verle el
rostro. Tiene el labio roto, la mejilla derecha enrojecida y luce más
despeinada que nunca.
-¿Qué te ha ocurrido?
-¿Crees en el Kharma?
Su juego de palabras me deja perplejo.
-¿Qué quieres decir?
-Poca gente sabe esto. Sólo Dayron y Nadia en realidad…
Kharma se centra en el movimiento de sus propios dedos,
como si no quisiera tener que contarme nada. Como si no quisiera que viera sus
heridas.
-Tengo el poder de controlar mi suerte. Me di cuenta
hace
unos años…
hace
unos años…
Pienso en las veces que la he visto cerrar los ojos con
fuerza y la suerte hacer acto de presencia, como atraída por un fuerte imán. La
llave de la verja apareciendo de la nada, la ventana abriéndose para facilitar
mi huida… Dayron ha debido de desear un poder así para su hermana para no
volver a perderla jamás.
-Pero cada vez que provoco un golpe de buena suerte tengo
que pagar
con un poco de mala, y viceversa…
con un poco de mala, y viceversa…
-Kharma…-sonrío al articular su nombre
.
.
Inmediatamente soy consciente de que sus heridas son a
causa de querer ayudarme y se apaga mi sonrisa.
-¿Qué te proponías al romper tu libro?-me recrimina.
-Creo que…
Mi hipótesis es tan absurda que no me atrevo a enunciarla.
Kharma espera un tiempo hasta que comprende que no tengo nada que decir.
-Mi madre se encuentra algo enferma desde
que rompiste ese
libro delante de ella…
que rompiste ese
libro delante de ella…
-¿Estás tú bien?-pregunto preocupado.
-Sí. Tan sólo noté algo extraño… Como si toda mi barriga
rugiese y mi rostro se descompusiera. Pero no me ocurrió nada.
Suspiro aliviado. Supongo que si mi hipótesis es acertada y
rompiendo los libros este mundo se acabará, cada vez que rompa uno los seres y
los lugares creados por los deseos de cada uno de nosotros se verán afectados. Eso
es lo que le ha ocurrido a Kharma, aunque ella no se dé cuenta.
-Y ¿a qué venía tanta prisa?-le pregunto.
-He encontrado a Nadia. Pensé que querrías venir a verla
conmigo.
-¿En serio?-me alegra la noticia.
-La he encontrado para
ti. Sabía que querías verla antes de
que acabase este día tan especial.
ti. Sabía que querías verla antes de
que acabase este día tan especial.
Kharma sonríe tan complacida como debería estarlo yo y al
hacerlo la herida en su labio se abre y la hace tocarse con fastidio. Tiene
algo de sangre de nuevo
. Y pensar que esa herida es el pago por ayudarme a
escapar…
. Y pensar que esa herida es el pago por ayudarme a
escapar…
-Gracias, Kharma.
Creo que se le van a saltar las lágrimas de felicidad por
mi gratitud. Kharma evita que la vea y se pone en pie, tomando rumbo a la
puerta para salir en busca de Nadia. No me gusta ser favorecido por sus sentimientos.
Siento que una deuda empieza a crearse entre ella y yo. Y jamás podré pagarla
.
No como ella quisiera que la pague…
.
No como ella quisiera que la pague…
Caminamos hacia la parte sur del pueblo atravesando la
calle Real, encontrándonos a varias personas conocidas pero que parecen no
recordarnos. Kharma me recuerda que los pueblerinos no ven con buenos ojos a
las familias más acomodadas de la parte alta del pueblo, que los ven como una
especie de dictadores capitalistas. Y yo, un niño casi adoptado por los Dark me
he convertido sin quererlo en uno de ellos.
No puedo evitar ojear el número
39 a la espera de encontrar
algún indicio de presencia de Sol. Pero la casa es sólo una vacía estructura.
No quedan ventanas ni puertas ni nada en su interior, como si un huracán la
hubiese arrasado por completo ordenadamente.
39 a la espera de encontrar
algún indicio de presencia de Sol. Pero la casa es sólo una vacía estructura.
No quedan ventanas ni puertas ni nada en su interior, como si un huracán la
hubiese arrasado por completo ordenadamente.
Llegamos al colegio, envejecido, de paredes desconchadas y
color amarillento con miles de hiedras abrazándolo, queriendo encerrar el
edificio en su frondosidad. Kharma se aúpa sobre los barrotes de la puerta de entrada
y la sortea por arriba. Apuesto algo a que la torpe de Sol habría tropezado y
caído de bruces al afrontar tal maniobra. Sonrío como lo hubiera hecho al ver
tal escena.
-Vamos, bobo, deja de reírte. No tenía pensado caerme para
que te burlaras de mí.
Estas cosas solían sucederme a menudo con Sol. Pensar en lo
mismo, enunciar las mismas expresiones, mirarnos recordando una broma que tan
sólo nosotros encontrábamos sentido… Nuestra conexión me producía tanto placer como
miedo. Me agradaba que coincidiera conmigo, que supiera cuanto pensaba y, a la
vez, sufría un terrible miedo por no poder explicar cómo se producían tales casualidades.
Para alguien de tan escasas palabras como yo, el poder comunicarme (voluntaria
o involuntariamente) con otra persona sin tener que articular ninguna era la
mayor suerte.
Recuerdo cómo el día en el que los médicos me informaron
del empeoramiento de mi enfermedad hacía tanto frío que quedamos en casa de mis
tíos para jugar. Pusimos un calefactor bajo una mesa redonda en la habitación
de mi hermano Lorenz y sacamos un viejo juego de cartas. Comenzaron a jugar en
parejas, Lorenz con Sol y Nadia con Dayron. Yo decidí renunciar al juego debido
a que no me encontraba de humor para reír tras tal diagnóstico. Sol estaba
frente a mí, con Nadia y Dayron flanqueándola y Lorenz situado a mi derecha.
Mientras la veía reír y ganar las partidas con mi hermano empecé a decidir que
iba a declararme cuando fuera posible.
Pero un sentimiento me inundó. Sería muy egoísta decirle lo
que sentía por ella para luego decirle que estaba a punto de morir. No sería justo
para ella… Pensé que lo mejor era callarme, afrontar en silencio mi derrota contra
la enfermedad y contra la muerte y no alargar el sufrimiento de Sol más allá
del día de mi…
Mis oscuros pensamientos llevaron mi vista a la ventana, a
depositar la mirada en la calle sin atención ni vida. Nada tenía sentido fuera,
ni yo tenía por qué seguir estando allí con ellos, haciéndoles cargar con la
presencia de un premuerto…
Unos pies se posaron sobre los míos y apretaron. Supe de
inmediato de quien se trataba. Llevé mi vista a los ojos expectantes de Sol,
que continuaba jugando atenta a mí. Me preguntó sin palabras acerca de lo que
pasaba. Yo sólo me atreví a sonreírle, a mover los pies y atenazar los suyos
entre los míos en un extraño y oculto abrazo.
No hizo falta que le dijera nada. Ella se lo imaginaba todo
y era lo suficientemente humilde como para no hacérmelo saber.
Caminamos hacia la pista del colegio bajando por un pasillo
al aire libre con un pasamanos metálico de un rojo oscuro que desciende junto a
nosotros. Al llegar abajo la veo, jugando entre la nieve con otros chicos. Pero
ni rastro de Lorenz.
-¡Nadia!
Al volver la cara hacia mí una bola de nieve impacta en su
rostro y mi prima lanza improperios contra el culpable, que ríe sujetándose la
barriga por miedo a romperse. No hay ni rastro de las gruesas gafas en el
rostro de Nadia. Sus ojos pequeños y rasgados poseen un atractivo que no
recordaba. Supongo que deseó no seguir siendo la Topo.
-Mark. Me alegra verte-dice sin el entusiasmo que a mí me
inunda por verla sana-.
-Y a mí. ¿Dónde estás viviendo, si puede saberse?
-Con unos amigos. Estaba harta de los lloriqueos de Dayron
y…
Mi prima calla al ver aparecer tras de mí a Kharma.
-Puedes continuar-da permiso la hermana mayor de Dayron-. Yo
también creo que es un llorica.
Nadia se avergüenza de haber sido pillada y enrojece.
-Bueno, si mi presencia te incomoda puedo desaparecer-dice Kharma
encogiéndose de hombros-. Iré a jugar un rato con ellos.
-Gracias, Kharma.
La chica se marcha a toda velocidad y comienza a lanzar
bolas de nieves a los amigos de Nadia como si estuviera poseída. Nadia no tarda
en sonreír con malicia al verme reír por sus acciones.
-Es increíble, ¿verdad? Kharma viva. Y todo esto-dice
mirando alrededor-. Es todo tal y como deseamos.
-No todo, Nadia.
-¿Te gusta Kharma?-pregunta de súbito.
-¡N-no!
Nadia amaga una risa.
-Ya veo.
-¿Dónde está Lorenz?-trato de cambiar de tema.
-Lorenz tiene sus propios amigos, no nos necesita. Ellos lo
cuidan muy bien.
-Pero él…
Nadia me agarra una mano con fuerza.
-No te preocupes. Está muy bien.
-¿Y Sol?
-No la he visto, ni escuchado hablar de ella. Nadie la
conoce.
Me abruma tal información. ¿Es que ha desaparecido?
-¿Y por qué me buscabas?-añade mi prima.
Le cuento mi hipótesis sobre este mundo y la manera de
salir de él. Cuando le digo que me propongo destruir todos los tomos para
volver a nuestro mundo y ver a nuestros tíos y a Sol su rostro cambia.
-No estoy dispuesta a ayudarte, Mark.
Me sorprende su decisión.
-Estoy bien aquí. No cambiaría nada-termina-.
-Pero ¿y tus padres? ¿Y Sol?
-Estoy bien…
Nadia se gira para volver a caminar sobre la nieve rumbo al
blanco campo de batalla.
-Esa es una decisión egoísta, Nadia. ¡Eres una inmadura!-le
grito impotente.
-Tan sólo tengo doce años, Mark. Todavía soy una niña.
Me marcho de allí enfadado con mi prima. Subo a toda prisa
la pendiente y salto la verja de entrada, resbalando mis zapatos mojados sobre
el metal y cayendo de bruces. Una risa me golpea mientras trato de recuperarme.
-Se llama Karma. Como yo. Y eso te pasa por haber deseado
antes que me cayese.
Kharma salta con agilidad la entrada y cae a mi lado. Me
ofrece una ayuda que desecho y vuelve a soltar una carcajada.
-¿Nadia no ha querido ayudarte?
-No necesito su ayuda.
Caminamos cruzando el pueblo hacia la parte norte por la
Calle Real y tomamos camino para subir hacia la mansión Dark.
-¿Qué te propones?-pregunta Kharma.- Mi hermano no te va a
recibir para jugar después de lo de ayer.
-Me colaré y me haré con su libro. No me importa cómo.
Subimos la empinada carretera a marchas forzadas, Kharma
siendo condescendiente con mi estupidez.
-El equipo de la muerte te impedirá entrar-me informa-.
Es cierto. Veo a dos de ellos apostados frente a la entrada
conforme nos acercamos. No van a permitirme pasar.
-¿Me ayudarás tú?-le pido sin ningún tipo de amabilidad.
Kharma se toca el labio roto y mira al suelo. Recuerdo lo
que conlleva ayudarme y me arrepiento de lo que he pedido.
-Haré lo que pueda.
Antes que pueda evitarlo, Kharma cierra los ojos con fuerza
y los vuelve a abrir. Una rama cae desde uno de los árboles situados en el
pequeño merendero situado a un lado de la carretera y la golpea en la cabeza.
-¡Kharma!
Una pequeña brecha en la frente de la chica la hace
retorcerse de dolor.
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque tú querías…
Un grito dentro de la casa hace girarse a los dos guardias
situados en la entrada e introducirse en la misma.
-Ve a… buscarlo…-dice dolorida Kharma.
-¿Dónde?-digo alarmado.
-En el jardín… ¡corre, antes que vuelvan!
La dejo sola acurrucada en el suelo y me encamino a la
entrada con los ojos puestos en las grandes ventanas de la mansión blanca de
tejados azulinos. Cruzo la verja negra y localizo entre los setos el color azul
del libro de Dayron entreabierto. Lo tomo y ojeo la primera página. Está
repleta de deseos de todo tipo. Él no se cortó a la hora de soñar…
Me dirijo a la salida de nuevo cuando los gritos de Dayron
me alertan:
-¡Ahí está! ¡Ha robado mi libro!-dice señalándome con el
dedo desde el porche de entrada.
Los cinco componentes del equipo de la muerte, Sophie y
Duke lo siguen, y echan a correr hacia mí furiosos. Entiendo que sólo queda una
solución. Tomo el libro y lo desgarro. Todo empieza a temblar. Los cuerpos de
Sophie, Duke y el equipo de la muerte se contorsionan víctimas de una extraña
vibración. Sophie lanza un amargo chillido mientras termino de romper el libro
y caen todos inconscientes excepto Dayron.
-¡¡¡MARK!!! ¿POR QUÉ HACES ESTO?
Huyo aprovechando la oportunidad, perdiéndome lejos de la
vista de Dayron. Vuelvo a por Kharma, a la que encuentro inconsciente y con la
parte derecha del rostro encharcada en sangre proveniente de la herida que ella
misma se provocó para facilitarme la operación. No puedo cargar con ella, así
que me marcho bajando por la carretera con el peso de mi conciencia
acompañándome.
No podía llevarte conmigo Kharma, no podía…
CAP. 5--> http://novelaelgenv.blogspot.com.es/2015/01/cuento-quid-pro-quo-cap-5.html
CAP. 5--> http://novelaelgenv.blogspot.com.es/2015/01/cuento-quid-pro-quo-cap-5.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario