domingo, 11 de enero de 2015

Cuento. QUID PRO QUO. Cap 4

CAP. 4 

Medio




A
 la llegada de la tarde unos gritos interrumpen el sueño que he tardado en atrapar. La alerta de que se trate de Dayron, de su padre, su madre o el equipo de la muerte me aceleran el corazón.
-¡Mark! ¡Abre la puerta, pedazo de gallina!
Es Kharma. No sé si pensar que es un alivio o una maldición. Bajo y le abro la puerta para sentir como se cuela en casa como una corriente de viento frío. La sigo hasta el salón, donde se sienta y se da la vuelta al fin. No puedo evitar dejar escapar un grito de sorpresa al verle el rostro. Tiene el labio roto, la mejilla derecha enrojecida y luce más despeinada que nunca.
-¿Qué te ha ocurrido?
-¿Crees en el Kharma?
Su juego de palabras me deja perplejo.
-¿Qué quieres decir?
-Poca gente sabe esto. Sólo Dayron y Nadia en realidad…
Kharma se centra en el movimiento de sus propios dedos, como si no quisiera tener que contarme nada. Como si no quisiera que viera sus heridas.
-Tengo el poder de controlar mi suerte. Me di cuenta hace unos años…
Pienso en las veces que la he visto cerrar los ojos con fuerza y la suerte hacer acto de presencia, como atraída por un fuerte imán. La llave de la verja apareciendo de la nada, la ventana abriéndose para facilitar mi huida… Dayron ha debido de desear un poder así para su hermana para no volver a perderla jamás.
-Pero cada vez que provoco un golpe de buena suerte tengo que pagar con un poco de mala, y viceversa…
-Kharma…-sonrío al articular su nombre.
Inmediatamente soy consciente de que sus heridas son a causa de querer ayudarme y se apaga mi sonrisa.
-¿Qué te proponías al romper tu libro?-me recrimina.
-Creo que…
Mi hipótesis es tan absurda que no me atrevo a enunciarla. Kharma espera un tiempo hasta que comprende que no tengo nada que decir.
-Mi madre se encuentra algo enferma desde que rompiste ese libro delante de ella…
-¿Estás tú bien?-pregunto preocupado.
-Sí. Tan sólo noté algo extraño… Como si toda mi barriga rugiese y mi rostro se descompusiera. Pero no me ocurrió nada.
Suspiro aliviado. Supongo que si mi hipótesis es acertada y rompiendo los libros este mundo se acabará, cada vez que rompa uno los seres y los lugares creados por los deseos de cada uno de nosotros se verán afectados. Eso es lo que le ha ocurrido a Kharma, aunque ella no se dé cuenta.
-Y ¿a qué venía tanta prisa?-le pregunto.
-He encontrado a Nadia. Pensé que querrías venir a verla conmigo.
-¿En serio?-me alegra la noticia.
-La he encontrado para ti. Sabía que querías verla antes de que acabase este día tan especial.
Kharma sonríe tan complacida como debería estarlo yo y al hacerlo la herida en su labio se abre y la hace tocarse con fastidio. Tiene algo de sangre de nuevo. Y pensar que esa herida es el pago por ayudarme a escapar…
-Gracias, Kharma.
Creo que se le van a saltar las lágrimas de felicidad por mi gratitud. Kharma evita que la vea y se pone en pie, tomando rumbo a la puerta para salir en busca de Nadia. No me gusta ser favorecido por sus sentimientos. Siento que una deuda empieza a crearse entre ella y yo. Y jamás podré pagarla. No como ella quisiera que la pague…
Caminamos hacia la parte sur del pueblo atravesando la calle Real, encontrándonos a varias personas conocidas pero que parecen no recordarnos. Kharma me recuerda que los pueblerinos no ven con buenos ojos a las familias más acomodadas de la parte alta del pueblo, que los ven como una especie de dictadores capitalistas. Y yo, un niño casi adoptado por los Dark me he convertido sin quererlo en uno de ellos.
No puedo evitar ojear el número 39 a la espera de encontrar algún indicio de presencia de Sol. Pero la casa es sólo una vacía estructura. No quedan ventanas ni puertas ni nada en su interior, como si un huracán la hubiese arrasado por completo ordenadamente.
Llegamos al colegio, envejecido, de paredes desconchadas y color amarillento con miles de hiedras abrazándolo, queriendo encerrar el edificio en su frondosidad. Kharma se aúpa sobre los barrotes de la puerta de entrada y la sortea por arriba. Apuesto algo a que la torpe de Sol habría tropezado y caído de bruces al afrontar tal maniobra. Sonrío como lo hubiera hecho al ver tal escena.
-Vamos, bobo, deja de reírte. No tenía pensado caerme para que te burlaras de mí.
¿Cómo puede saber…?
Estas cosas solían sucederme a menudo con Sol. Pensar en lo mismo, enunciar las mismas expresiones, mirarnos recordando una broma que tan sólo nosotros encontrábamos sentido… Nuestra conexión me producía tanto placer como miedo. Me agradaba que coincidiera conmigo, que supiera cuanto pensaba y, a la vez, sufría un terrible miedo por no poder explicar cómo se producían tales casualidades. Para alguien de tan escasas palabras como yo, el poder comunicarme (voluntaria o involuntariamente) con otra persona sin tener que articular ninguna era la mayor suerte.
Recuerdo cómo el día en el que los médicos me informaron del empeoramiento de mi enfermedad hacía tanto frío que quedamos en casa de mis tíos para jugar. Pusimos un calefactor bajo una mesa redonda en la habitación de mi hermano Lorenz y sacamos un viejo juego de cartas. Comenzaron a jugar en parejas, Lorenz con Sol y Nadia con Dayron. Yo decidí renunciar al juego debido a que no me encontraba de humor para reír tras tal diagnóstico. Sol estaba frente a mí, con Nadia y Dayron flanqueándola y Lorenz situado a mi derecha. Mientras la veía reír y ganar las partidas con mi hermano empecé a decidir que iba a declararme cuando fuera posible.
Pero un sentimiento me inundó. Sería muy egoísta decirle lo que sentía por ella para luego decirle que estaba a punto de morir. No sería justo para ella… Pensé que lo mejor era callarme, afrontar en silencio mi derrota contra la enfermedad y contra la muerte y no alargar el sufrimiento de Sol más allá del día de mi…
Mis oscuros pensamientos llevaron mi vista a la ventana, a depositar la mirada en la calle sin atención ni vida. Nada tenía sentido fuera, ni yo tenía por qué seguir estando allí con ellos, haciéndoles cargar con la presencia de un premuerto…
Unos pies se posaron sobre los míos y apretaron. Supe de inmediato de quien se trataba. Llevé mi vista a los ojos expectantes de Sol, que continuaba jugando atenta a mí. Me preguntó sin palabras acerca de lo que pasaba. Yo sólo me atreví a sonreírle, a mover los pies y atenazar los suyos entre los míos en un extraño y oculto abrazo.
No hizo falta que le dijera nada. Ella se lo imaginaba todo y era lo suficientemente humilde como para no hacérmelo saber.
Caminamos hacia la pista del colegio bajando por un pasillo al aire libre con un pasamanos metálico de un rojo oscuro que desciende junto a nosotros. Al llegar abajo la veo, jugando entre la nieve con otros chicos. Pero ni rastro de Lorenz.
-¡Nadia!
Al volver la cara hacia mí una bola de nieve impacta en su rostro y mi prima lanza improperios contra el culpable, que ríe sujetándose la barriga por miedo a romperse. No hay ni rastro de las gruesas gafas en el rostro de Nadia. Sus ojos pequeños y rasgados poseen un atractivo que no recordaba. Supongo que deseó no seguir siendo la Topo.
-Mark. Me alegra verte-dice sin el entusiasmo que a mí me inunda por verla sana-.
-Y a mí. ¿Dónde estás viviendo, si puede saberse?
-Con unos amigos. Estaba harta de los lloriqueos de Dayron y…
Mi prima calla al ver aparecer tras de mí a Kharma.
-Puedes continuar-da permiso la hermana mayor de Dayron-. Yo también creo que es un llorica.
Nadia se avergüenza de haber sido pillada y enrojece.
-Bueno, si mi presencia te incomoda puedo desaparecer-dice Kharma encogiéndose de hombros-. Iré a jugar un rato con ellos.
-Gracias, Kharma.
La chica se marcha a toda velocidad y comienza a lanzar bolas de nieves a los amigos de Nadia como si estuviera poseída. Nadia no tarda en sonreír con malicia al verme reír por sus acciones.
-Es increíble, ¿verdad? Kharma viva. Y todo esto-dice mirando alrededor-. Es todo tal y como deseamos.
-No todo, Nadia.
-¿Te gusta Kharma?-pregunta de súbito.
-¡N-no!
Nadia amaga una risa.
-Ya veo.
-¿Dónde está Lorenz?-trato de cambiar de tema.
-Lorenz tiene sus propios amigos, no nos necesita. Ellos lo cuidan muy bien.
-Pero él…
Nadia me agarra una mano con fuerza.
-No te preocupes. Está muy bien.
-¿Y Sol?
-No la he visto, ni escuchado hablar de ella. Nadie la conoce.
Me abruma tal información. ¿Es que ha desaparecido?
-¿Y por qué me buscabas?-añade mi prima.
Le cuento mi hipótesis sobre este mundo y la manera de salir de él. Cuando le digo que me propongo destruir todos los tomos para volver a nuestro mundo y ver a nuestros tíos y a Sol su rostro cambia.
-No estoy dispuesta a ayudarte, Mark.
Me sorprende su decisión.
-Estoy bien aquí. No cambiaría nada-termina-.
-Pero ¿y tus padres? ¿Y Sol?
-Estoy bien…
Nadia se gira para volver a caminar sobre la nieve rumbo al blanco campo de batalla.
-Esa es una decisión egoísta, Nadia. ¡Eres una inmadura!-le grito impotente.
-Tan sólo tengo doce años, Mark. Todavía soy una niña.
Me marcho de allí enfadado con mi prima. Subo a toda prisa la pendiente y salto la verja de entrada, resbalando mis zapatos mojados sobre el metal y cayendo de bruces. Una risa me golpea mientras trato de recuperarme.
-Se llama Karma. Como yo. Y eso te pasa por haber deseado antes que me cayese.
Kharma salta con agilidad la entrada y cae a mi lado. Me ofrece una ayuda que desecho y vuelve a soltar una carcajada.
-¿Nadia no ha querido ayudarte?
-No necesito su ayuda.
Caminamos cruzando el pueblo hacia la parte norte por la Calle Real y tomamos camino para subir hacia la mansión Dark.
-¿Qué te propones?-pregunta Kharma.- Mi hermano no te va a recibir para jugar después de lo de ayer.
-Me colaré y me haré con su libro. No me importa cómo.
Subimos la empinada carretera a marchas forzadas, Kharma siendo condescendiente con mi estupidez.
-El equipo de la muerte te impedirá entrar-me informa-.
Es cierto. Veo a dos de ellos apostados frente a la entrada conforme nos acercamos. No van a permitirme pasar.
-¿Me ayudarás tú?-le pido sin ningún tipo de amabilidad.
Kharma se toca el labio roto y mira al suelo. Recuerdo lo que conlleva ayudarme y me arrepiento de lo que he pedido.
-Haré lo que pueda.
Antes que pueda evitarlo, Kharma cierra los ojos con fuerza y los vuelve a abrir. Una rama cae desde uno de los árboles situados en el pequeño merendero situado a un lado de la carretera y la golpea en la cabeza.
-¡Kharma!
Una pequeña brecha en la frente de la chica la hace retorcerse de dolor.
-¿Por qué lo hiciste?
-Porque tú querías…
Un grito dentro de la casa hace girarse a los dos guardias situados en la entrada e introducirse en la misma.
-Ve a… buscarlo…-dice dolorida Kharma.
-¿Dónde?-digo alarmado.
-En el jardín… ¡corre, antes que vuelvan!
La dejo sola acurrucada en el suelo y me encamino a la entrada con los ojos puestos en las grandes ventanas de la mansión blanca de tejados azulinos. Cruzo la verja negra y localizo entre los setos el color azul del libro de Dayron entreabierto. Lo tomo y ojeo la primera página. Está repleta de deseos de todo tipo. Él no se cortó a la hora de soñar…
Me dirijo a la salida de nuevo cuando los gritos de Dayron me alertan:
-¡Ahí está! ¡Ha robado mi libro!-dice señalándome con el dedo desde el porche de entrada.
Los cinco componentes del equipo de la muerte, Sophie y Duke lo siguen, y echan a correr hacia mí furiosos. Entiendo que sólo queda una solución. Tomo el libro y lo desgarro. Todo empieza a temblar. Los cuerpos de Sophie, Duke y el equipo de la muerte se contorsionan víctimas de una extraña vibración. Sophie lanza un amargo chillido mientras termino de romper el libro y caen todos inconscientes excepto Dayron.
-¡¡¡MARK!!! ¿POR QUÉ HACES ESTO?
Huyo aprovechando la oportunidad, perdiéndome lejos de la vista de Dayron. Vuelvo a por Kharma, a la que encuentro inconsciente y con la parte derecha del rostro encharcada en sangre proveniente de la herida que ella misma se provocó para facilitarme la operación. No puedo cargar con ella, así que me marcho bajando por la carretera con el peso de mi conciencia acompañándome.
No podía llevarte conmigo Kharma, no podía…

CAP. 5--> http://novelaelgenv.blogspot.com.es/2015/01/cuento-quid-pro-quo-cap-5.html

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