viernes, 30 de agosto de 2013

Relato Corto: Contradicciones


El agua empapa mis pies y mi barba aún sabe a la sangre del último animal que pude cazar. Tengo mucha sed pero el agua es salada. Mis ropas apenas se conservan en esta soleada playa desierta. Una isla hermosa, sería un error negarlo, pero que no ofrece ningún futuro apetecible para la vida. Las personas somos más adaptables de lo que podemos llegar a imaginar y he llegado a considerarla hogar. Un hogar soleado que me hace pensar que en el resto del mundo llueve todos los días sin respiro.

Me he parado a observarla miles de veces y aún no recuerdo con claridad cómo he llegado hasta aquí. Ni siquiera qué hacer en ella. He escuchado la historias de cientos de naufragios pero ninguno acababa en una isla como esta. Le he dado mil vueltas buscando una pista para identificarla con la que describían otros náufragos sin tener éxito. He buscado otros pasos en su arena, algún rastro de humanos pero, si alguien ha profanado alguna vez este lugar, se tomó la molestia de borrar sus huellas antes de desaparecer.

¿Acaso no es real, sólo el fruto de mi poderosa y testaruda mente? No. No, ya he tratado de creer eso. He tratado de cerrar los ojos y perderla de vista pero las piedras en su arena parecen elevarse y abalanzarse sobre mí para advertirme de que nada allí es un sueño. Es algo irreal. Ilógico.  Inexplicable. Soy prisionero de la isla y no quiero escapar de ella.

“¿Qué diablos dices? Huye, huye lejos. El mundo es enorme.”

Es cierto. Quedarme podría ser un tormento infinito. Decido intentarlo una vez más. Tomo carrerilla, con cada zancada hundo mis pies en la húmeda arena y noto el frío agua cubrirme. Braceo con parsimonia y paciencia. En la constancia está la clave para escapar sin desfallecer. Incluso la temperatura del agua parece animarme a abandonar ese calvario, a encontrar aguas más cálidas. Noto por enésima vez que puedo escapar, que el mar vuelve a ser mi hogar.

Vuelvo a escuchar también por enésima vez ese canto trémulo, borroso, difícilmente inteligible que parece provenir de la propia isla y extenderse muy lejos de ella. No sé hasta qué distancia, nunca me deja adentrarme demasiado en el océano. O nunca quiero alejarme lo suficiente para ello. Quién sabe. Me giro en el agua y miro a tierra buscando su procedencia. Ni rastro de vida en ella. Pero comienzo a entender las palabras de su atrayente cántico. Quiero volver, tratar de encontrar la fuente de esa voz, calmarla, temiendo volver a darme de bruces con la desoladora realidad del deshabitado islote. Qué contradicción.

“¿Por qué cantas si de verdad quieres que me vaya? Cada uno de tus pequeñas notas son gritos para mí… ¿No eres culpable de las tormentas y tempestades, de las pedradas cuando cierro los ojos, de los tornados que me entierran en la arena? ¿No quieres provocar mi ira con tu desidia? ¡¿Por qué gritas si no quiero escucharte?!”

Puedo imaginar levemente que el fantasma de mi imagen continuará fingiendo que todo marcha bien en el barco al que pertenecí un día. Aquel del que los seres más cercanos a mí nunca me vieron caer o lanzarme y en el que no notaron mi ausencia mientras nadaba en dirección a la isla en busca de una salvación. Aquel fantasma me sustituyó aparentando normalidad y nadie se percató de mi verdadera ausencia. No les culpo. Yo mismo tallé esa figura usando el más pétreo material para que fuese irrompible, imperturbable. Aquella figura que ríe sin mesura, como si no pasara nada, resistiéndose a abandonar su rincón oscuro por temor a demostrar que a pesar de rígida es traslúcida y por ello la tripulación deba volver en mi búsqueda. Se mueve entre las sombras de la embarcación rehuyendo cuando quieren arrastrarlo hasta la luz que lo acuchillará.

Apenas unos cuantos han podido ver a través de mi fantasma e incapaces de ofrecer ayuda a un ser incorpóreo han querido que compartiese mi naufragio para hacerlo más llevadero. Ni siquiera sé en qué momento caí o me lancé al mar, no sé que vi, así que volver sobre los pasos del barco es inútil. En el agua no quedan marcados rastros.

Me vuelvo a volver y me decido por milésima vez: nadaré y nadaré hasta encontrar el navío y destruir ese maldito fantasma usurpador.

Y el día en que consiga abandonar esta isla y sus alrededores contaré lo maravillosa que es, turbado por el síndrome de Estocolmo o puede que por el entusiasta optimismo del que le es imposible sufrir con quinientas picaduras de abeja si con ello ha podido degustar la dulce miel de su panal. Porque, aunque pueble cada una de mis pesadillas también se ha convertido en escenario de mis más dulces e inconscientes sueños, esos donde la lógica queda enterrada para ofrecer una utopía inconcebible. Una explosión de felicidad tan ficticia como verdadera.

Dejaré esta isla atrás, tan sólo viva en mis más felices recuerdos de forma irónica. El pasado la absorberá tanto como su paradisíaco clima lo hizo conmigo y recordaré por siempre ese nombre que, jugando con las letras, he decidido darle: Zirel. Tal vez no sea el más bello ni sonoro pero para mí es perfecto. E incluso sabiendo que yo mismo he creado ese nombre todo el océano por donde he conseguido moverme parece saber ya que la isla ha sido bautizada así y cada susurro del viento, cada romper de ola me trae ese nombre recordándome donde estuve y aún no he llegado a escapar.

Braceo y braceo, y la corriente va siendo cada vez más débil…
Flavio Casen

Misery II

"...Paul había entrevistado a muchas víctimas de accidentes de tráfico porque el giro crucial del argumento de Automóviles veloces trataba del accidente casi mortal de Tony Bonasaro en su desesperado esfuerzo por escapar de la policía, lo que conducía al epílogo, un interrogatorio contundente efectuado por el compañero del finado teniente Gray en el cuarto de hospital donde se hallaba Tony. Una y otra vez había escuchado lo mismo con diferente envoltura. Recuerdo haberme metido en el coche y recuerdo haberme despertado aquí. Todo lo demás está en blanco.

¿Por qué no le ocurriría eso a él?

Porque los escritores lo recuerdan todo, Paul, especialmente las heridas. Desnuda a un escritor, señala sus cicatrices y te contará la historia de cada una de ellas, incluyendo las más pequeñas. De las grandes se sacan novelas, no amnesia. Es bueno tener un poco de talento si quieres ser escritor, pero el único requisito de verdad es la habilidad para recordar la historia de cada cicatriz.

El arte consiste en la persistencia de la memoria

¿Quién dijo eso? ¿Thomas Szasz? ¿William Faulkner? ¿Cyndi Lauper?..."

Misery

"PAUL
 
 
No puedo. Hace media hora que intento dormir;
pero no puedo. Escribir aquí es una especie de droga.
Es lo único que espero. Esta tarde he leído lo que es-
cribí... y parecía vívido. Ya sé que parece vívido por-
que mi imaginación agrega todos los trozos que otra
persona no comprendería, quiero decir, es vanidad, pero
parece una especie de magia... y es que no pudo vivir
en este presente. Me volvería loco si lo hiciese.
 
JOHN FOWLES
El coleccionista"
 
Misery, Stephen King.

Amor platónico

Me impresiona bastante como ciertos términos los vamos conociendo a lo largo de nuestra vida sin pretenderlo, sin darnos cuenta. Nos ocurren cosas y más tarde nos enteramos que tienen un nombre.

El descubrimiento del amor platónico surgió en mí de esa manera, tras analizar lo pasado y darme cuenta que ya se había ideado en el pasado. Lo más simple del mundo: conoces a una persona, te gusta, te interesa, se acaba convirtiendo en la más importante de tu vida... pero la pierdes, se aleja, te tienes que acostumbrar a su ausencia. Tan simple, tan infinitamente complejo.

Te sientes culpable, piensas en todos los "¿y si?", todas las oportunidades perdidas, te derrumbas impotente ante la situación, hasta que tras mucho pensar das todo por perdido.

Puede que a veces el hecho de considerar un amor como platónico haga que idealices hechos, actos, situaciones o a la misma persona. El tiempo aún no me ha demostrado que mis pensamientos fueran exagerados, sólo que hay una persona que me hizo crecer como persona, ser mejor, ser más feliz...¿y qué importan algunos minutos de sufrimiento cuando en el otro lado de la balanza habían horas de felicidad? ¿quién me sabe explicar por qué sin creer en algo tan absurdo como el destino, todo se alineara, todo coincidiera, todos los caminos me llevaran al mismo lugar, hacia la misma persona?

Es algo que todo deberíamos vivir. Pero no todo el mundo está capacitado para superar, convertirlo en sano. Ahora mismo puedo asegurar que esa experiencia estará siempre en mi persona, en mi manera de ver las cosas, el saber que hay formas de llegar a ser tan feliz me impulsa a seguir cada día, a continuar, a ser optimista. Vive conmigo, no contra mis ganas de seguir adelante.

Cumbres Borrascosas

"...Me provocaba una mezcla tan variada de sensaciones que me hubiera resultado imposible dirigirme a él de forma racional. En primer lugar, su pasmoso parecido con Catherine me lo acercaba a ella de forma sobrecogedora. Pero esto, que podría parecerte el detalle más importante para acaparar mi imaginación, es realmente el más nimio, porque ¿existe alguna cosa que no la acerque a mí y no me la recuerde? No puedo ni bajar la vista al suelo sin que sus rasgos se dibujen en las baldosas. En cada nube, en cada árbol, colmando el aire nocturno y refulgiendo de día a rachas en cada objeto, me veo continuamente cercado por su imagen. Los rostros más triviales de hombres y mujeres y hasta los propios rasgos de mi cara se burlan de mí, ofreciéndome su parecido. El mundo entero es una atroz colección de testimonios acreditativos de que existe y de que ya la he perdido."

Justicia

Cuesta ser justo con las personas a las que uno quiere y te importan verdaderamente. Pero por ahora veo en esta afirmación más ventajas que inconvenientes...

¿Alguien opina lo contrario?

Drogas

Sí, está claro que el camino para dejar una droga es muy largo y costoso.

Primero debes ir reduciéndo la dosis, ya que una dejada súbita puede ser peor que continuar con el vicio. El problema es que llegado a un punto, no puedas prescindir completamente de esa droga que te hace sentir tan bien, que te tranquiliza, que te hace feliz....y tengas que acomodarla a tu realidad....esto también es difícil...pero no entenderías tu vida sin esa dosis en ella...

Aún así podemos llegar a pensar que las drogas son perjudiciales... y replantearte todo.

Todo esto es una METÁFORA, por supuesto.....

Curiosa reflexión...

House: Creemos que tiene una infección de Bartonella que ha causado un aneurisma micótico en la pared aórtica. Para encontrarlo hay que reventarle el corazón. Y sí, hablo de un infarto. Subiremos la tensión hasta que la pared aórtica explote. Esperamos poder repararlo antes de que se desangre... ¿Hay preguntas?

Paciente: No

House: ¿En serio? ¿No quiere saber si podrá volver a montar toros?

Paciente: Supongo que no. Ya me han abierto el coco y ahora me van a reventar el corazón...

House: Dijo que le encantaban esos 8 segundos

Paciente: Así es. Y ahora me dice que tengo que dejarlo. Si la diño no podré encontrar otra cosa que me encante...

Kalashnikov

-¿Realmente le atrae el peligro?

- El concepto de peligro, al igual que el concepto de felicidad, cambia con cada persona. Casi ningún ser humano es absolutamente feliz a no ser que sepa que tiene un problema que resolver, ya que está convencido de que tan sólo se sentirá feliz cuando lo haya resuelto.

-¡Curiosa teoría!

-Pero válida. Y si el interfecto consigue vencer esa dificultad, al día siguiente procurará que sea otro el asunto que se vea en la necesidad de resolver antes de poder sentirse feliz, ya que, a mi entender, para la especie humana la perfección siempre se encuentra un paso más allá del punto al que es capaz de llegar. Debido a tan extraña idiosincrasia la humanidad ha ido progresando a base de generarse a sí misma dificultades en forma de nuevos retos que en ocasiones no conducen más que a ser más desgraciados de lo que éramos en un principio.-se recostó dispuesto a echarse un corto sueño al tiempo que añadía-: Mientras consideremos que el dos es mejor que el uno, el cuatro mejor que el dos y el ocho mejor que el cuatro nunca alcanzaremos la meta en la que descansar seguros y satisfechos, porque si algo resulta indiscutible es que la numeración nunca se acaba.