Me impresiona bastante como ciertos términos los vamos conociendo a lo largo de nuestra vida sin pretenderlo, sin darnos cuenta. Nos ocurren cosas y más tarde nos enteramos que tienen un nombre.
El descubrimiento del amor platónico surgió en mí de esa manera, tras analizar lo pasado y darme cuenta que ya se había ideado en el pasado. Lo más simple del mundo: conoces a una persona, te gusta, te interesa, se acaba convirtiendo en la más importante de tu vida... pero la pierdes, se aleja, te tienes que acostumbrar a su ausencia. Tan simple, tan infinitamente complejo.
Te sientes culpable, piensas en todos los "¿y si?", todas las oportunidades perdidas, te derrumbas impotente ante la situación, hasta que tras mucho pensar das todo por perdido.
Puede que a veces el hecho de considerar un amor como platónico haga que idealices hechos, actos, situaciones o a la misma persona. El tiempo aún no me ha demostrado que mis pensamientos fueran exagerados, sólo que hay una persona que me hizo crecer como persona, ser mejor, ser más feliz...¿y qué importan algunos minutos de sufrimiento cuando en el otro lado de la balanza habían horas de felicidad? ¿quién me sabe explicar por qué sin creer en algo tan absurdo como el destino, todo se alineara, todo coincidiera, todos los caminos me llevaran al mismo lugar, hacia la misma persona?
Es algo que todo deberíamos vivir. Pero no todo el mundo está capacitado para superar, convertirlo en sano. Ahora mismo puedo asegurar que esa experiencia estará siempre en mi persona, en mi manera de ver las cosas, el saber que hay formas de llegar a ser tan feliz me impulsa a seguir cada día, a continuar, a ser optimista. Vive conmigo, no contra mis ganas de seguir adelante.
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