domingo, 11 de enero de 2015

Cuento. QUID PRO QUO. Cap 5

CAP. 5

Engaño



M
e escabullo rumbo a la ermita para esconderme, sintiéndome perseguido, culpable por lo que acabo de hacer. He abandonado a Kharma después de que me ayudara, he destruido el libro de Dayron y con él su vida y sus deseos. Me siento como el peor de los criminales.
Pero aun habiendo destrozado el libro, el palacio no desapareció, ni lo hizo Sophie ni Kharma… ¿Es que mientras exista uno no acabará todo esto? ¿Es que hasta que no acabe con todos los sueños de mis amigos no volveré a ver a Sol, a mis tíos, a mi hermano?
Me oculto en la copa de un árbol tumbado en una zona deprimida en la ermita, mi lugar favorito para esconderme desde que era pequeño y quería sentirme aislado. Tan sólo Sol me encontró en mi refugio un día en el que me enfadé con ella porque se rió de mí al ganarme en un estúpido juego.
-Sabía que ibas a estar aquí. Ya te había seguido otras veces en las que te has enfadado. Perdona. Por burlarme de ti.
Saber que Sol me conocía incluso mejor que yo mismo y que era capaz de admitir sus errores para poder seguir siendo mi amiga era algo que me dolía tanto como me enamoraba.
Me recuesto sobre las ramas en busca de una posición cómoda mientras la noche me acecha y caigo en un profundo sueño. No siento ningún frío. Es algo sobrenatural. Duermo con la seguridad de que nadie me encontrará aquí.

Unos pasos me despiertan cuando amanece. Intento encogerme pero es imposible. Sus ojos rojizos me captan con facilidad.
-Sabía que ibas a estar aquí. Ya te había seguido otras veces en las que te has enfadado.
Sus palabras me paralizan.
-Perdona-termino-. Por abandonarte ayer...
Kharma niega con la cabeza. ¿Es que al no existir Sol ella ha ocupado su lugar? ¿Es que es ella mi mejor amiga en este mundo? Pero no la puedo querer… No si Sol sigue estando en mi mente.
Bajo con cuidado del árbol y me siento junto a ella. Tiene un pequeño vendaje en la cabeza y la mejilla derecha de nuevo enrojecida. Elevo mi mano en un amago de acariciarla, intentando apaciguar su dolor, pero su mirada me detiene.
-Supieron que te había ayudado en cuanto me encontraron herida…
-Lo siento.
-Deja de decir eso. Lo hice porque quise.
No sigas. Por favor. No agrandes mi deuda.
-¿Cómo están las cosas en tu casa?-pregunto.
-Mamá está muy débil. Parece que ha enfermado.
Me siento culpable de todo el sufrimiento de Kharma. Y de Dayron.
-¿Por qué tú no enfermas?-le pregunto.
Kharma se encoge de hombros incapaz de mirarme.
-Dayron ha lanzado un anuncio en el pueblo. Ha pedido a todos los que tengan un libro como el que rompiste que se lo entreguen o te capturen. Dice que pagará un alto precio al que cumpla con sus deseos.
-¿Me vas a entregar tú?-pregunto, sospechando la respuesta.
-Yo vivo con Dayron. Tengo todo el dinero que él pueda regalar por los libros o por tu cabeza.
-No lo haces por mí entonces.
Los ojos rojizos de Kharma me rozan antes de ponerse en pie.
-¿No crees que Lorenz y Nadia le llevarán sus libros enseguida?-me lanza.- Deberíamos ir a vigilar la entrada, ¿no?
Me guiña un ojo de nuevo y se pone en camino, subiendo por las arenas rumbo a la ermita para volver al pueblo. Es una suerte tenerla a ella en este mundo. No sé qué haría sin ella.

Nos ocultamos tras una caseta de madera situada a tres decenas de metros de la entrada a la mansión, ocultos de la vista de los transeúntes. Kharma me ha facilitado su abrigo con capucha para proteger el rostro de las miradas atrevidas y se ha quedado únicamente con un grueso chaleco de lana de tono beige claro cuyo grosor la hace parecer veinte kilos más gorda. En la entrada, Edric y Daryle esperan impacientes la llegada del valioso botín de Dayron.
Esperamos alrededor de una hora y media hasta que vemos a alguien sospechoso. Es un chico muy pequeño, de pelo alborotado y rostro oculto bajo una bufanda que camina sobre las punteras de los pies con nerviosismo, abrazando entre sus manos algo en el pecho.
Reconozco los tristes ojos grises de Lorenz asomando sobre la bufanda. Anda muy deprisa. No necesita la silla de ruedas. Es maravilloso. Me alegra verlo así.
-¡Lo…!
Kharma cierra mi boca para que los guardias no me escuchen. Lorenz cae en la cuenta de mi presencia y sin pensarlo echa a correr a una velocidad pasmosa camino a la mansión. Me quedo boquiabierto al ver a mi desvalido hermano convertido en un saludable y ágil chico que huye de mí, directo a la boca del lobo, a las garras de Dayron.
-¿Por qué…?-susurro incapaz de entender la reacción de Lorenz.
-Lorenz nunca fue lo que se dice un alma gemela tuya, Mark-dice Kharma posando una mano en mi hombro-. Nunca se os vio juntos desde la desaparición de tus padres, y tenéis diferentes amistades. Es lógico que no quiera ponerse de tu parte en esto. Ni siquiera Nadia lo hizo…
Suspiro. Ni siquiera Nadia lo hizo. Es cierto.
Otros pasos acercándose captan nuestra atención. La inconfundible figura de Nadia, sus ojos pequeños y su pelo castaño avanzan rumbo a la mansión por la carretera ascendente. Esta vez no quiero llamarla. Me quito la capucha de la cabeza y me coloco en un punto en el que su nueva mirada no tardará en diferenciarme y donde Edric y Daryle no pueden verme. Nadia no tarda en caer en la cuenta de mi presencia. Se dirige con disimulo y resignación hacia mí desviándose del camino.
-¿Le vas a entregar el libro, Nadia?-pregunto con tranquilidad.
Nadia deja asomar su tomo entre las manos y lo observa con cautela.
-Preferiría entregarte a ti y acabar con todo esto-dice con una seriedad intimidante-. No quiero irme de este mundo.
-Es una manera cobarde e infantil de seguir viviendo. Si todo es cierto, como en la historia que nos contó aquel viejo…
-El diablo no existe, Mark. No hay nada en este mundo que esté mal.
-¡Sol no está!-veo a Kharma moverse intranquila ante la pronunciación de ese nombre que tanto le molesta oír.- ¡Ni tus padres! Y Lorenz acaba de huir de mí para entregarle su libro a Dayron… ¡Hay muchas cosas mal!
-Puede que seas el único que quiere volver-dice Nadia-. ¿Verdad, Kharma?
Kharma tarda en articular palabra, todas perdidas o atascadas camino de su lengua.
-Voy a entrar en la mansión-enuncia-. Trataré de convencer a Lorenz de que hable contigo Mark. Hablad los tres cuando salga y decidid qué es lo mejor para vosotros…
Soy yo ahora quien se queda sin palabras. Puede que esté siendo muy egoísta con Kharma al querer destruir este mundo. Pero ella no existe en realidad…
La vemos alejarse en un incómodo silencio, siendo recibida por los guardias con seriedad. Saben que traicionó a la familia Dark ayudándome. Ya no la consideran tan digna de protección ni halagos.
-¿Sigues queriendo destruir este mundo y hacer desaparecer a Kharma?-pregunta Nadia, la mirada perdida en el rojo cabello de la chica alejándose.- Ella daría lo que fuera por hacerte feliz y tú solo quieres hacerla desaparecer…
A pesar de ser pequeña, los cuchillos que lanza Nadia son mortales de necesidad. Tal vez estar habituada a los insultos por su escasa vista y sus gafas le ayudaron a ganar un máster en contestación y daño psicológico.
-Yo quiero a Sol…
-Sol no existe ahora. Puede que ella sea la que de verdad merezca que la quieras. Puede que no quieras darte cuenta y sigas empeñado en ver perfecta a Sol…
-Era también tu amiga, Nadia-le recrimino-.
-No en este mundo. Este es mi mundo ahora.
Sin que lo espere, deposita su libro en mis manos.
-Haz lo que quieras con él. Destrózanos la vida, acaba con nuestros deseos-dice aferrándome las manos sobre el libro-. Pero prométeme que será para bien.
Abro el libro de Nadia mientras la sigo mirando. Su deseo impreso la avergüenza. Tan sólo quería recuperar la vista y que dejaran de reírse de ella. Es algo tan simple que nadie debería poder negarle.
Rompo el libro ante sus ojos mientras evita ver los trozos de su tomo caer y quedar empapados en la nieve bajo nuestros zapatos.

Lorenz sale por el sendero atravesando la verja al cabo de unos minutos traspasando el cerco formado por la pareja de guardias. Lo esperamos expectantes acercarse, sus andares danzarines desconocidos para ambos. Hasta que no llega hasta nosotros escabulléndose para que no lo vean no levanta la vista para mirarnos.
-Lorenz-me acerco.- ¿Le has entregado el libro?
-Sí.
No sé qué decirle.
-¿Querías destruirlo?-me pregunta. Asiento débilmente.- ¿Quieres destruir todos nuestros deseos cumplidos?
-Quiero volver a nuestro mundo. Con Sol, con nuestros tíos…
-Con tu enfermedad y tus problemas-añade Nadia acusadora-.
-Con mi enfermedad y mi incapacidad para dar dos pasos sin una silla de ruedas…-continúa mi hermano.
-Lorenz…
-¡Yo no quiero volver Mark!-enfurece mi hermano pequeño. De sus ojos brotan sendas lágrimas agrias.- Tú lo tienes todo en el otro mundo: amigos, la capacidad para salir a jugar a la calle por ti mismo, puedes correr cuanto quieras, puedes respirar aire puro… ¡Yo no tengo nada! Debo permanecer en casa para que el frío no empeore mi enfermedad, soy un debilucho que no puede jugar a otra cosa que no sean juegos de mesa. ¡Soy un inútil!
-No es cierto, Lorenz…-protesto.
-¡Tú lo tienes todo! Incluso Sol quiere ser tu novia, y es una chica fantástica. A mí nunca me querrá nadie ni podré tener novia…
-¡No es cierto!
-Mark, tranquilízate-sugiere Nadia situándose entre ambos-.
-Yo no tengo la atención de nuestros tíos, de Nadia, de Sol cuando tú estás presente. Todos se vuelcan contigo para que te sientas bien y se olvidan de mí. He crecido teniendo que tragarme mis problemas y solucionarlos, sabiendo que tú merecías más cuidados que yo, soportando que incluso mis amigos te tuvieran más cariño que a mí…
-Eso es egoísta, Mark-retrocede Lorenz-.
-El día antes del accidente de Dayron los médicos me dijeron que moriría en breve. ¿Sigues creyendo que lo tengo todo?
Nadia y Lorenz se quedan sin respiración. No he debido confesarlo. Ha sido un impulso, el verme acorralado ante tales acusaciones. No soy el enemigo de todos como quieren creer. Yo solo quiero volver…
-Y aún así ¿quieres volver y estar enfermo?-dice Nadia.
Pienso en Sol. Y en Kharma.
-No lo sé…
-Lo siento, Mark-se gira Lorenz-. No te dejaremos acabar con este mundo.
Frunzo el ceño sin comprender.
-¿Y qué vais a hacer? ¿Entregarme?-los desafío.
-No. Lo va a hacer Kharma-sentencia Lorenz-. Ella me lo ha dicho.
Duke, Sophie y los cinco integrantes de la guardia de Dayron aparecen de detrás de la caseta de madera y nos rodean. Edric y Duke me apresan sin que pueda evitarlo y Daryle y Luca toman también a Nadia y a Lorenz.
-Se acabó, Mark-me dice Duke Dark con decisión-.
Sophie tose bruscamente y el padre da Dayron acude solícito a ayudarla. Ambos se quedan mirando el tomo de Nadia roto en pedazos y empapado sobre la nieve. En la mano de la madre de Dayron aparece un rastro de sangre nada agradable y Duke no puede contener las lágrimas.

CAP. 6 --> http://novelaelgenv.blogspot.com.es/2015/01/cuento-quid-pro-quo-cap-6.html

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