CAP. 5
Engaño
M
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e escabullo rumbo a la ermita
para
esconderme, sintiéndome perseguido, culpable por lo que acabo de hacer. He
abandonado a Kharma después de que me ayudara, he destruido el libro de Dayron
y con él su vida y sus deseos. Me siento como el peor de los criminales.
esconderme, sintiéndome perseguido, culpable por lo que acabo de hacer. He
abandonado a Kharma después de que me ayudara, he destruido el libro de Dayron
y con él su vida y sus deseos. Me siento como el peor de los criminales.
Pero aun habiendo destrozado el
libro, el palacio no desapareció, ni lo hizo Sophie ni Kharma… ¿Es que mientras
exista uno no acabará todo esto? ¿Es que hasta que no acabe con todos los
sueños de mis amigos no volveré a ver a Sol, a mis tíos, a mi hermano?
Me oculto en la copa de un árbol tumbado
en una zona deprimida en la ermita, mi lugar favorito para esconderme desde
que
era pequeño y quería sentirme aislado. Tan sólo Sol me encontró en mi refugio
un día en el que me enfadé con ella porque se rió de mí al ganarme en un
estúpido juego.
que
era pequeño y quería sentirme aislado. Tan sólo Sol me encontró en mi refugio
un día en el que me enfadé con ella porque se rió de mí al ganarme en un
estúpido juego.
-Sabía que ibas a estar aquí. Ya
te había seguido otras veces en las que te has enfadado. Perdona. Por burlarme
de ti.
Saber que Sol me conocía incluso
mejor que yo mismo y que era capaz de admitir sus errores para poder seguir siendo
mi amiga era algo que me dolía tanto como me enamoraba.
Me recuesto sobre las ramas en
busca de una posición cómoda mientras la noche me acecha y caigo en un profundo
sueño. No siento ningún frío. Es algo sobrenatural. Duermo con la seguridad de
que nadie me encontrará aquí.
Unos pasos me despiertan cuando
amanece. Intento encogerme pero es imposible. Sus ojos rojizos me captan con
facilidad.
-Sabía que ibas a estar aquí. Ya
te había seguido otras veces en las que te has enfadado.
Sus palabras me paralizan.
-Perdona-termino-. Por abandonarte
ayer...
Kharma niega con la cabeza. ¿Es
que al no existir Sol ella ha ocupado su lugar? ¿Es que es ella mi mejor amiga
en este mundo? Pero no la puedo
querer… No si Sol sigue estando en mi mente.
querer… No si Sol sigue estando en mi mente.
Bajo con cuidado del árbol y me
siento junto a ella. Tiene un pequeño vendaje en la cabeza y la mejilla derecha
de nuevo
enrojecida. Elevo mi mano en un amago de acariciarla, intentando
apaciguar su dolor, pero su mirada me detiene.
enrojecida. Elevo mi mano en un amago de acariciarla, intentando
apaciguar su dolor, pero su mirada me detiene.
-Supieron que te había ayudado en
cuanto me encontraron herida…
-Lo siento.
-Deja de decir eso. Lo hice
porque quise.
No sigas. Por favor
. No agrandes
mi deuda.
. No agrandes
mi deuda.
-¿Cómo
están las cosas en tu
casa?-pregunto.
están las cosas en tu
casa?-pregunto.
-Mamá está muy débil. Parece que
ha enfermado.
Me siento culpable de todo el
sufrimiento de Kharma. Y de Dayron.
-¿Por qué tú no enfermas?-le
pregunto.
Kharma se encoge de hombros
incapaz de mirarme.
-Dayron ha lanzado un anuncio en
el pueblo. Ha pedido a todos los que tengan un libro como el que rompiste que
se lo entreguen o te capturen. Dice que pagará
un alto precio al que cumpla con
sus deseos.
un alto precio al que cumpla con
sus deseos.
-¿Me vas a entregar tú?-pregunto,
sospechando la respuesta.
-Yo vivo con Dayron. Tengo todo
el dinero que él pueda
regalar por los libros o por tu cabeza.
regalar por los libros o por tu cabeza.
-No lo haces por mí entonces.
Los ojos rojizos de Kharma me
rozan antes de ponerse en pie.
-¿No crees que Lorenz y Nadia le
llevarán sus libros enseguida?-me lanza.- Deberíamos ir a vigilar la entrada,
¿no?
Me guiña un ojo de nuevo y se
pone en camino, subiendo por las arenas rumbo a la ermita para
volver al
pueblo. Es una suerte tenerla a ella en este mundo. No sé qué haría sin ella.
volver al
pueblo. Es una suerte tenerla a ella en este mundo. No sé qué haría sin ella.
Nos ocultamos tras una caseta de
madera situada a tres decenas de metros de la entrada a la mansión, ocultos de
la vista de los transeúntes. Kharma me ha facilitado su abrigo con capucha para
proteger el rostro de las miradas atrevidas y se ha quedado únicamente con un
grueso chaleco de lana de tono beige claro cuyo grosor la hace parecer veinte
kilos más gorda. En la entrada, Edric y Daryle esperan impacientes la llegada
del valioso botín de Dayron.
Esperamos alrededor de una hora y
media hasta que vemos a alguien sospechoso. Es un chico muy pequeño, de pelo
alborotado y rostro oculto bajo una bufanda que camina sobre las punteras de
los pies con nerviosismo, abrazando entre sus manos algo en el pecho.
Reconozco los tristes ojos grises
de Lorenz asomando sobre la bufanda. Anda muy deprisa. No necesita la silla de
ruedas. Es maravilloso. Me alegra verlo así.
-¡Lo…!
Kharma cierra mi boca para que
los guardias no me escuchen. Lorenz cae en la cuenta
de mi presencia y sin
pensarlo echa a correr a una velocidad pasmosa camino a la mansión. Me quedo
boquiabierto al ver a mi desvalido hermano convertido en un saludable y ágil
chico que huye de mí, directo a la boca del lobo, a las garras de Dayron.
de mi presencia y sin
pensarlo echa a correr a una velocidad pasmosa camino a la mansión. Me quedo
boquiabierto al ver a mi desvalido hermano convertido en un saludable y ágil
chico que huye de mí, directo a la boca del lobo, a las garras de Dayron.
-¿Por qué…?-susurro incapaz de
entender la reacción de Lorenz.
-Lorenz nunca fue lo que se dice
un alma gemela tuya, Mark-dice Kharma posando una mano en mi hombro-. Nunca se
os vio juntos desde
la desaparición de tus padres, y tenéis diferentes
amistades. Es lógico que no quiera ponerse de tu parte en esto. Ni siquiera
Nadia lo hizo…
la desaparición de tus padres, y tenéis diferentes
amistades. Es lógico que no quiera ponerse de tu parte en esto. Ni siquiera
Nadia lo hizo…
Suspiro. Ni siquiera Nadia lo
hizo. Es cierto.
Otros pasos acercándose captan
nuestra atención. La inconfundible figura de Nadia, sus ojos pequeños y su pelo
castaño avanzan rumbo a la mansión por la carretera ascendente. Esta vez no quiero
llamarla. Me quito la capucha de la cabeza y me coloco en un punto en el que su
nueva
mirada no tardará en diferenciarme y donde Edric y Daryle no pueden
verme. Nadia no tarda en caer en la cuenta de mi presencia. Se dirige con
disimulo y resignación hacia mí desviándose del camino.
mirada no tardará en diferenciarme y donde Edric y Daryle no pueden
verme. Nadia no tarda en caer en la cuenta de mi presencia. Se dirige con
disimulo y resignación hacia mí desviándose del camino.
-¿Le vas a entregar el libro,
Nadia?-pregunto con tranquilidad.
Nadia deja asomar su tomo entre
las manos y lo observa con cautela.
-Preferiría entregarte a ti y
acabar con todo esto-dice con una seriedad intimidante-. No quiero irme de este
mundo.
-Es una manera cobarde e infantil
de seguir viviendo. Si todo es cierto, como en la historia que nos contó aquel
viejo…
-El diablo no existe, Mark. No
hay nada en este mundo que esté mal.
-¡Sol no está!-veo a Kharma
moverse intranquila ante la pronunciación de ese nombre que tanto le molesta
oír.- ¡Ni tus padres! Y Lorenz acaba de huir de mí para entregarle su libro a
Dayron… ¡Hay muchas cosas mal!
-Puede que seas el único que
quiere volver-dice Nadia-. ¿Verdad, Kharma?
Kharma tarda en articular
palabra, todas perdidas o atascadas camino de su lengua.
-Voy a entrar en la
mansión-enuncia-. Trataré de convencer a Lorenz de que hable contigo Mark.
Hablad los tres cuando salga y decidid qué es lo mejor para vosotros…
Soy yo ahora quien se queda sin
palabras. Puede que esté siendo muy egoísta con Kharma al querer destruir este
mundo. Pero ella no existe en realidad…
La vemos alejarse en un incómodo
silencio, siendo recibida por los guardias con seriedad. Saben que traicionó a la
familia Dark ayudándome. Ya no la consideran tan digna de protección ni
halagos.
-¿Sigues queriendo destruir este
mundo y hacer desaparecer a Kharma?-pregunta Nadia, la mirada perdida en el
rojo cabello de la chica alejándose.- Ella daría lo que fuera por hacerte feliz
y tú solo quieres hacerla desaparecer…
A pesar de ser pequeña, los
cuchillos que lanza Nadia son mortales de necesidad. Tal vez estar habituada a
los insultos por su escasa vista y sus gafas le ayudaron a ganar un máster en
contestación y daño psicológico.
-Yo quiero a Sol…
-Sol no existe ahora. Puede que
ella sea la que de verdad merezca que la quieras. Puede que no quieras darte
cuenta y sigas empeñado en ver perfecta a Sol…
-Era también tu amiga, Nadia-le
recrimino-.
-No en este mundo. Este es mi
mundo ahora.
Sin que lo espere, deposita su
libro en mis manos.
-Haz lo que quieras con él.
Destrózanos la vida, acaba con nuestros deseos-dice aferrándome las manos sobre
el libro-. Pero prométeme que será para bien.
Abro el libro de Nadia mientras
la sigo mirando. Su deseo impreso la avergüenza. Tan sólo quería recuperar la
vista y que dejaran de reírse de ella. Es algo tan simple que nadie debería poder
negarle.
Rompo el libro ante sus ojos mientras
evita ver los trozos de su tomo caer y quedar empapados en la nieve bajo
nuestros zapatos.
Lorenz sale por el sendero
atravesando la verja al cabo de unos minutos traspasando el cerco formado por
la pareja de guardias. Lo esperamos expectantes acercarse, sus andares
danzarines desconocidos para ambos. Hasta que no llega hasta nosotros
escabulléndose para que no lo vean no levanta la vista para mirarnos.
-Lorenz-me acerco.- ¿Le has
entregado el libro?
-Sí.
No sé qué decirle.
-¿Querías destruirlo?-me pregunta.
Asiento débilmente.- ¿Quieres destruir todos nuestros deseos cumplidos?
-Quiero volver a nuestro mundo.
Con Sol, con nuestros tíos…
-Con tu enfermedad y tus
problemas-añade Nadia acusadora-.
-Con mi enfermedad y mi
incapacidad para dar dos pasos sin una silla de ruedas…-continúa mi hermano.
-Lorenz…
-¡Yo no quiero volver
Mark!-enfurece mi hermano pequeño. De sus ojos brotan sendas lágrimas agrias.-
Tú lo tienes todo en el otro mundo: amigos, la capacidad para salir a jugar a
la calle por ti mismo, puedes correr cuanto quieras, puedes respirar aire puro…
¡Yo no tengo nada! Debo permanecer en casa para que el frío no empeore mi
enfermedad, soy un debilucho que no puede jugar a otra cosa que no sean juegos
de mesa. ¡Soy un inútil!
-No es cierto, Lorenz…-protesto.
-¡Tú lo tienes todo! Incluso Sol
quiere ser tu novia, y es una chica fantástica. A mí nunca me querrá nadie ni
podré tener novia…
-¡No es cierto!
-Mark, tranquilízate-sugiere
Nadia situándose entre ambos-.
-Yo no tengo la atención de
nuestros tíos, de Nadia, de Sol cuando tú estás presente. Todos se vuelcan contigo
para que te sientas bien y se olvidan de mí. He crecido teniendo que tragarme
mis problemas y solucionarlos, sabiendo que tú merecías más cuidados que yo,
soportando que incluso mis amigos te tuvieran más cariño que a mí…
-Eso es egoísta, Mark-retrocede
Lorenz-.
-El día antes del accidente de
Dayron los médicos me dijeron que moriría en breve. ¿Sigues creyendo que lo
tengo todo?
Nadia y Lorenz se quedan sin
respiración. No he debido confesarlo. Ha sido un impulso, el verme acorralado
ante tales acusaciones. No soy el enemigo de todos como quieren creer. Yo solo
quiero volver…
-Y aún así ¿quieres volver y
estar enfermo?-dice Nadia.
Pienso en Sol. Y en Kharma.
-No lo sé…
-Lo siento, Mark-se gira Lorenz-.
No te dejaremos acabar con este mundo.
Frunzo el ceño sin comprender.
-¿Y qué vais a hacer?
¿Entregarme?-los desafío.
-No. Lo va a hacer
Kharma-sentencia Lorenz-. Ella me lo ha dicho.
Duke, Sophie y los cinco
integrantes de la guardia de Dayron aparecen de detrás de la caseta de madera y
nos rodean. Edric y Duke me apresan sin que pueda evitarlo y Daryle y Luca
toman también a Nadia y a Lorenz.
-Se acabó, Mark-me dice Duke Dark
con decisión-.
Sophie tose bruscamente y el
padre da Dayron acude solícito a ayudarla. Ambos se quedan mirando el tomo de Nadia
roto en pedazos y empapado sobre la nieve. En la mano de la madre de Dayron
aparece un rastro de sangre nada agradable y Duke no puede contener las
lágrimas.
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