viernes, 9 de mayo de 2014

Relato: 3 Sombras Inefables (Parte II)


A

bro los ojos y me tambaleo al ser consciente de que estoy de pie. Mis piernas están adormecidas y mis torpes pasos me hacen chocar contra un panel de cristal. Es un gigantesco reloj despertador de color azul eléctrico que marca las cinco en punto. La luz de un gran flexo rebota sobre el cristal y dibuja mi reflejo. Soy una muñeca de madera tallada, de pelo corto y rojizo, con un vestido negro esculpido hasta los tobillos. Mis ojos amarillentos e inexpresivos me devuelven la mirada desde dentro de ese mundo de luz proyectada.

Lejos de la luz proyectada por el foco la oscuridad es terrorífica. Me pongo en cuclillas y abrazo mis piernas con miedo. ¿Dónde estoy? ¿En qué me he convertido?

-No te asustes, querida.

La voz potente de un anciano llega desde la oscuridad antes de hacerse visible sus formas. Viste un delantal sobre una camisa de cuadros y sonríe plácidamente mientras se sienta a la mesa donde me encuentro, observándome desde las alturas.

-¿Qué… qué soy?

-Mírate de nuevo.

Sé que se refiere al reloj a mi lado. Al volver a mirarme me pongo de pie del susto. Ahora tengo el pelo dorado, a la altura de los hombros, mis ojos son azules y mi vestido se ha hecho más corto y tomado un color verde claro.

-Eres una figura cambiante. Nunca eres la misma. Te adaptas a lo que necesitas sin darte cuenta. Actúas como crees que es adecuado para conseguir tus deseos.

-Pues desearía no ser un juguete de madera.

-Hay una posibilidad para que eso se cumpla: acabo de crear hace un momento un muñeco y tengo pensado tallar otro usando ese trozo de madera de ahí-señala con un grueso dedo un prisma de madera con algunas marcas-. Cada uno lleva un alma diferente. Para conseguir lo que quieres deberás averiguar cuál de los dos es una personalidad malvada y cuál de ellos te ama tanto como tú, aunque no te des cuenta. Si acabas con el juguete malvado podrás escapar junto a tu amado.

-¿Así de simple?

-Aún no sabes cómo reconocer a quién debes matar ni de qué manera puedes hacerlo. En tus labios hay un veneno corrosivo que no afecta al material con que te he construido pero sí acabará con los otros dos muñecos. Deberás besar al malo para acabar con él.

-¿Cómo sabré a quién besar?

-Al malvado no lo petrificarás.

-¿Cómo?-digo sin dar crédito a lo que dice.

-Si miras a tu amado a los ojos antes de acabar con el malvado lo petrificarás y sólo podrás salvarte tú. ¿A que ahora no es tan simple?

-Bromeas…

-No. Sólo me divierto… Tienes hasta el amanecer, si no los tres moriréis.

La oscuridad engulle al viejo carpintero, que me deja sola mientras veo que vuelvo a cambiar de nuevo hacia una nueva apariencia, con el pelo largo y oscuro, ojos verdes y un vestido hasta las rodillas de color azulado.

Me separo de mi imagen en el cristal convexo del reloj y camino por la mesa llena de serrín teniendo cuidado de no mancharme. Sorteo una llave inglesa y el mango de un grueso martillo para dirigirme a una pequeña escala que ha colocado el anciano para ayudarme a bajar de su mesa. Desciendo lentamente hasta alcanzar el suelo. Una bombilla alargada, como de un árbol de Navidad, descansa a unos pasos de donde me encuentro. La alzo con todas mis fuerzas y se prende al contacto con mi cuerpo.

-¡Tú!

El grito me sobresalta. Una criatura extraña se acerca a mí cegada por la débil aguja de luz que proyecto hacia él. Su piel es rojiza, dos cuernos negros adornan su cabeza y su cuerpo está tallado como un uniforme de soldado de ejército. Alcanzo a rozar sus ojos despiadados y oscuros antes de retirar la vista para que nuestras miradas no se encuentren. ¿Es él la malvada criatura? ¿No es demasiado evidente para ser cierto?

-¿También te creó el viejo?-me pregunta mientras se acerca con pasos irregulares, protegiendo sus ojos de la luz.

-S-sí-balbuceo mirando al suelo, evitando sus ojos-.

-No me temas, no te haré daño.

-¿Cómo puedo estar segura de ello?-digo mirando sus pies de refilón acercarse.

-Te he avisado antes de atacarte. Podría haber acabado contigo desde que encendiste la luz y te hiciste un blanco fácil.

El muñeco diabólico esgrime un revólver adecuado a su tamaño apuntando a un lado y sin tocar el gatillo, alzando las manos en señal de inocencia.

-¿A ti también te ha dicho que moriremos antes del amanecer de no cumplir con sus peticiones?-me pregunta bajando el arma.

-Es triste no poder elegir siquiera el objetivo de una vida tan fugaz…

-Más aún tener que obedecer a un cruel creador que quiere jugar a ser Dios.

Caminamos juntos por el taller sorteando obstáculos durante un tiempo, rindiéndonos a nuestro destino marcado al amanecer. Evito todo el rato la visión de su rostro monstruoso  hasta que me doy cuenta de que le ofende mi muestra de miedo y repulsión. No puedo confesarle lo que me dijo el viejo ni parece que él quiera decirme lo que le propuso el carpintero para sobrevivir. Nos preguntamos cómo será el otro ser que creará el anciano carpintero, qué apariencia tendrá y cómo se comportará.

Cuantos más minutos pasan más segura estoy de que la siguiente creación será la malvada y este es sólo la persona que busco enfundada en una figura terrorífica. Es como un ángel atrapado en una tétrica cáscara.

Los sonidos del carpintero tallando la nueva figura llegan hasta nosotros mientras paseamos de la mano por el suelo del taller.

-¿Qué haremos?-le pregunto.

-Destruirlo. Tú lo atraerás hasta ti y acabaremos con él.

-Yo no puedo…-digo aterrada con la idea de encontrarme con algo que no pueda controlar.

-Yo te protegeré-dice el soldadito diabólico envolviéndome con sus brazos de madera-. No dejaré que te pase nada.

Cuando intenta enfrentar mi rostro bajo mi mirada hasta sus labios para no encontrarme con sus ojos y noto como intenta besarme. Le doy un empujón recordando el veneno en mis labios y sacudo la cabeza pensando en lo que ha estado a punto de pasar.

-¿Qué ocurre?-pregunta perplejo.

-¡Vete!

Soy yo la que salgo corriendo. Alcanzo un andamio sobre el que descansa una fina tabla y asciendo por él aprovechando los boquetes en los que puedo introducir mis manos. Alcanzo la cima y camino por la superficie lisa hasta el borde. Distingo una fina ranura de luz que se cuela en el taller a través de una enorme puerta de entrada y a mi espalda el gran flexo iluminando los progresos del carpintero. No puedo ver la figura que está tallando a esta altura pero la imagino aún más tenebrosa que el soldadito diabólico. No soporto pensar en que he estado a punto de matarlo justo cuando más segura estaba que era a quien buscaba. Lo echo de menos…

Me siento en el borde de la tabla y balanceo mis piernas en el vacío viendo la luz en la puerta aumentar de intensidad a cada minuto recordándome el terrible destino que correremos en cuanto la luz invada el taller…

Tarda varios minutos más en llegar. Lo veo acercarse hasta el andamio desde las alturas iluminado por una aureola que proyecta luz allá donde mira. Asciende y al llegar a la cima y percatarse de mi presencia opta por esconderse tras el lapicero situado en la esquina por la que ha subido. Las sombras creadas por su luz lo desvelan.

- Si vas llamando así la atención no quieras esconderte de los que te admiran-le susurro sin mirarlo-.

Me giro mirando hacia mi lado tratando de mirarle de refilón. Señalo las sombras que crea con su luz, río divertida y aprovecho que se acerca mirando desconfiado a su alrededor para verle el rostro. En su cabeza hay esculpida una cabellera rubia, unos rasgos suaves y unos ojos azules y agradables. Su traje blanco refulge en contacto con la aureola brillante que levita sobre su cabeza.

¿Es posible que él sea el juguete malo?

Le pido que se siente junto a mí al notar su inseguridad y rozo su mano con la mía sin que pueda evitarlo. Noto una fuerte corriente recorrer mi cuerpo antes de que el ángel se separe incómodo de mí.

-¿No piensas matarme para sobrevivir?-me pregunta.

-¿Es que estás convencido de ser el malo de este juego?

No acaba de entender mi respuesta. No me atrevo a mirarlo y comprobar si lo es.

-Si me miraras podrías decirme si te parezco malo-propone al percatarse de que no lo miro directamente a la cara o los ojos mientras habla-. Aún no sé cómo soy…

-Podría decirte quién eres, pero sería un riesgo demasiado grande…

Un estruendo nos hace levantar mientras vemos esparcirse una multitud de chinchetas por la tabla sobre el andamio. Una endeble caja de cartón ha sido tumbada por algo que se mueve en dirección a nosotros: el soldadito diabólico avanza empuñando un arma que dirige alternativamente a ambos.

-Creo que está bastante claro quién es el malo aquí...-dice el ángel cogiéndome de la mano y apretando con tanta fuerza que noto algo del calor de su alma humana.

Al terminar la frase un estallido nos golpea haciendo caer al ángel, que cae al suelo con su pecho astillado y salpicado con una bala introducida en el orificio que ha creado el disparo.

Antes de que la vida lo abandone por completo lo sujeto por el rostro y le miro a los ojos, que se van borrando lentamente. Su composición continúa siendo la misma y me doy por satisfecha. Aunque no puedo evitar pensar en lo que me ha hecho sentir en unos segundos con aquella corriente…

El soldadito diabólico se acerca a mí y me rodea con sus fríos brazos intentando tranquilizarme. Me susurra que todo ha pasado y siguiendo mi instinto lo beso.

Me atrevo a mirarlo a los ojos ahora que todo peligro ha pasado y que el malvado oculto en esta bella apariencia ha muerto. Su rostro se descompone bajo la acción del veneno. La composición de su cuerpo comienza a cambiar ante mi mirada y la madera se convierte en piedra para dejar la triste escultura de la muerte de mi amado en el cuerpo de un demonio.
 

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