Repasando mi viejo cuaderno en busca de ideas antes de ponerme a escribir me he encontrado algo que no recordaba haber escrito, tal vez por las altas horas a las que fue maquinado o porque a veces es mejor olvidar los rastros de mal que amenazan un bello ramo de recuerdos y mi cabeza se ha encargado de que así sea. Dos o tres hojas escritas hace algo más de un año en una madrugada de 6 de JULIO de 2013 algo amarga cuya verdad acerca de mí me asusta tanto transcribir aquí como la del resto de hojas que componen este cuaderno verde lima que se ha convertido en una PUERTA A MI ALMA. Aún así, más de un año después...
"En mi reproductor, con el modo aleatorio activado, salta mi canción favorita después de tanto tiempo, justo hoy. Y lo vuelvo a hacer. Porque por mucho que lo evite nadie puede vivir sin respirar, por mucho que lo intente...
Me he puesto a pensar en lo irracional del amor una vez más. Para las tozudas y malditas mentes como la mía a las que todo lo que excede las normas de la regularidad parece tan fascinante como adictivamente aterrador el tratar de hallar una respuesta a una pregunta que nadie se ha hecho se convierte en diversión. Me he preguntado si, con la misma facilidad con la que se recuerda un cumpleaños, un aniversario, el nombre de una persona atractiva o se sitúa en el tiempo un beso, un éxito o una desgracia, podría situarse el día en que uno se enamora.
Hay quien se empeña en atribuir ese momento a una acción, una visión o a unas palabras que sí podemos situar en un calendario. Pero cuando razonas... ¿fueron esa acción, esa visión o esas palabras especiales las que te volvieron loco o se convirtieron en especiales gracias al protagonismo de una persona extraordinaria? Extraordinaria para cada uno, claro está.
No mintáis. Todos tenemos esa incapacidad para situar el momento en el que nos volvemos locos y ningún loco es capaz de saber que lo está hasta que es demasiado tarde.
Tal vez hoy 6 de Julio no me atreva a publicar lo que pienso, esperando que la noche me calme y no cometa una estupidez innecesaria. QUOD SCRIPSI, SCRIPSI. Y ya está. Me he desahogado, no tengo necesidad de publicarlo. Ojalá no cambie de opinión...
No puedo dejar de pensar que cada vez que te pasa algo me lo estoy perdiendo y cada vez que esto me pasa tengo más seguro que te he perdido y que será así para siempre.
O no. Puede que algún día nos volvamos a encontrar y todo sea como nos empeñábamos en decir que era y no.
O sí, y siga pidiéndole durante toda mi vida a un Dios en el que no creo que cumpla unos sueños que fueron compartidos conmigo y que puede que yo nunca vea. Unos sueños que arrancarán a su beneficiaria una sonrisa de la que no podré disfrutar.
Y me tendré que conformar...
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