Hoy hace
dos años desde que empecé a escribir. Desde que volví a empezar a escribir
podría decir. Desde que volví a empezar a escribir usando los dedos y no sólo
mi mente, en cuya memoria se han perdido tantas fantasías. Desde que recordé lo
que me relaja, lo que me divierte y lo que me descubre de mí mismo el hecho de
transformar mis ideas en letras. Curiosamente mi razón para volver a escribir
fue la IRA, el desconocimiento y la impotencia. Fue fácil titular el primer
capítulo que escribí...
Sí,
han pasado dos años desde que saqué de mí una de esas miles de escenas
imaginadas que concibo antes de dormir fruto de la felicidad y la tristeza, de
la alegría y el desconsuelo, de la soledad y de la compañía, de la diversión y
el aburrimiento. Dos años desde que empezó a crecer esa escena hasta
transformarse en un capítulo primero, en una historia después, en un libro
finalmente, incompleto por un tiempo hasta que tuve el valor de acabarlo.
Aquel
primer gran esfuerzo fue un trabajo ilusionante: al poner el último punto fui
consciente de lo que debe sentir todo aquel que se esfuerza aislado y en silencio
sólo por el placer de superarse a sí mismo. Y supe que podría con más y, al
final, esa escena, esa millonésima parte de las que fantaseo antes de que mi
cerebro diga basta por las noches, se transformaron en cuatro libros que
constituyen una medalla que sólo yo puedo reconocer, una medalla a lo que soy
capaz de hacer, mejor o peor, si me esfuerzo por conseguirlo.
Puede
que las que concibo como palabras precisas tan sólo lo sean para mí, dado mi
paralelo contexto con el autor de las mismas, puede que en mi vanidad,
acrecentada por mi medalla autoimpuesta, me sea más fácil pensar que incluso la
que esté tejiendo sea una buena historia o que el narcisismo que nace y crece
cada vez que escribo a solas me haga pensar que llegarán a despertar algo en
las escasas personas que las leen, sea por curiosidad, compromiso o verdadero
cariño hacia mí. Pero merece la pena. Soy una persona más sana desde que
escribo.
Tal
vez hoy que se cumplen dos años desde que escribo deba dejar de hacerlo, porque
cada letra me recuerda a ese momento en que liberé mi ira, que explotó
manchando un folio inocente. Tal vez deba dejar de hacerlo para que mi mente
pueda fluir por su cauce natural y deje de pensar en cada cosa que me ocurre,
que me rodea o de la que soy consciente y tiene la capacidad de fascinarme
puede llegar a ser escrita. Se me acumula demasiado trabajo…
Tal
vez sea hora de dejarlo, sí. Tal vez sea tiempo de dejar de decir estupideces.
Como ésta. ¿Dejar de escribir? ¿A quién he podido engañar? Mientras pueda
seguiré escribiendo, seguiré colgándome medallas concebidas única y
exclusivamente para tener un candidato y ganador y seguiré escondiéndolas bajo
mi ropa para que nadie, excepto quienes pidan verla, pueda felicitarme por
ella.
Porque
no busco el reconocimiento de nadie, ya tengo el propio.
Tal
vez podría dejarlo, pero hay un par de cosas que me lo impiden. El recuerdo de
un halago. Tan pequeña es mi vanidad que se llenó con dos o tres frases. El
resto me recuerdan que no se me da tan mal esto y que además, pensándolo bien, me
divierte. Y, en segundo lugar pero no menos importante (más bien al revés), la compañía inseparable de una mirada que se dibuja en el aire cada
vez que pienso que nada de esto merece la pena. Una mirada que me acompañará
por siempre porque mi memoria es tan testaruda como precisa y no me deja
odiarla.

Pues cuando pienses asi, acuérdate de tu tia Pilar, que está esperando que le digas tita ya terminé otro para ser la primera en leerla, y a la vez de estar leyéndola estar pensando, ¿puede esto salir de la mente de aquel sobrino con el que tanto jugué?, no se decir palabras tan bonitas ni plasmarlas tan bien como tú y poder expresar todo lo que siento, pero sobrino por favor saca otro que estoy impaciente.
ResponderEliminarEres una de las personas más sanas que conozco. Me gusta mucho como escribes y aunque no lo creas estoy orgullosa de tener un sobrino como tú. Por favor sigue escribiendo para que podamos seguir disfrutandote y de esa manera colgarte muuchas medallas, pero permite que seamos otros los que las colguemos que te lo mereces.Un besote.
ResponderEliminar