sábado, 7 de febrero de 2015

RELATO: MENSAJES ROJOS

Querida Giselle,
¿Cómo te va todo? Te escribí dos o tres cartas el pasado mes pero seguramente no las recibiste. Escribir tanto con teclado me ha hecho tener una letra horrible. Seguro que en la oficina de Correos no entendieron bien la dirección.

Me gustaría recordarte que te tengo muy presente, que siento mucho lo que hice. Ella me recordaba tanto a ti… Me paso los días en mi estudio viendo los vídeos de tus reportajes en la televisión autonómica y en la nacional. A veces creo que me hipnotizas y me cuesta más ponerme a escribir de lo normal. Mis editores me meten mucha prisa desde que pasó todo esto.

Tengo las paredes forradas con tus columnas en periódicos y revistas y con fotos en las que sales de refilón entrevistando a alguno de esos malditos famosos. Incluso he tomado la foto que me regaló Janis (un intento inútil de ganarse tu puesto en mi corazón) y le he recortado su cara para colocar una tuya. A Flavio le pareció genial. Sólo él sabe cómo me siento. Pero a Janis no le gusta que hable de él. Dice que soy un tonto fantasioso con un amigo imaginario. Pero él es muy real. Le ayudo a entrar por la ventana todos los días para que ella no lo vea y nos encerramos en mi estudio. Su presencia me reconforta.

Hemos sabido que el bebé que va a tener Janis es una niña. ¿Adivinas cómo quiero llamarla? Le voy a poner Giselle. Puede que así te tenga más presente. Puede que eso te alegre lo suficiente y perdones que vaya a tener mi primera hija con otra mujer.

Pero Janis me recordaba tanto a ti… Creo que me confundió. Que te imitó para conquistarme. Pero sólo es una puta que tuvo el acierto de quedarse embarazada de mí. Sólo quiere mi fortuna.

Espero que algún día me perdones,

Elián.


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Te mando esta carta a tu atención para que Janis no pueda leerla. Creo que ella no se merece saber que intentas mantenerte en contacto conmigo. Un correo electrónico, un mensaje de texto o una llamada son demasiado indiscretos.

Creo que deberías olvidar todo esto lo antes posible. Nuestro tiempo acabó. Deja de escribirme. Deja de plasmarme en tus libros. Deja de llamar a las chicas que aparecen en ellos como yo.

En breve partiré hacia mi próximo destino: he decidido realizar un reportaje sobre la situación en Oriente Medio. No te preocupes. No es tan peligroso como dicen si te sabes cuidar. Lo he elegido porque es el último lugar donde decidirías ir a buscarme dada tu fama y la ideología atea de tus libros. No intentes hallarme. Sabes que los extremistas han puesto precio a tu cabeza y que este es el lugar menos seguro para ti de toda la Tierra. Puede que sea tu fama la que me proteja de ti.

Sólo espero que cuando vuelva, dentro de unos dos meses, no me encuentre una montaña de cartas inútiles, una lluvia de llamadas perdidas ni algún rastro de tu presencia cerca.

Olvídame, por favor. Es lo último que te pido.


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He decidido contactar contigo por correo electrónico. Seguro que esos imbéciles de la oficina aún no son capaces de descifrar mis cartas.

Si no es así, ¿por qué no me contestas? ¿Es que no lo merezco? Dijiste que para siempre, no importa qué sucediese. Supongo que tus promesas valen aún menos que mi amor.

Estuve el otro día esperándote durante horas en la entrada de tu casa. Fue un día muy lluvioso, pero no me importó mojarme ni estar varios días en cama después. Flavio se quedó conmigo y me dio ánimos para seguir incluso cuando pensé que habías desaparecido. Él sabe que esto merece la pena.

Los transeúntes me miraban con cara rara y temían acercarse a pedirme un autógrafo o a hablar conmigo. Flavio dice que a ellos solo les gusta mis libros, al igual que a Janis sólo le interesa la fortuna que he amasado gracias a ellos. Sólo él y tú debéis quererme en este cochino mundo.

Siento si soy muy brusco o demasiado insistente, pero tengo la seguridad, la certeza de que todo esto merece la pena. Porque un día conseguiremos estar juntos.

Te quiere,

Elián.



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Hace dos meses que te escribo y no contestas. Espero que al menos contestes a este mensaje de texto, que tu móvil siga siendo el mismo y que en tu mente no albergues rencor hacia mí. Porque deberías leer este mensaje antes de borrarlo.

Hace una hora que asesiné a Janis. Esa puta entró en mi estudio cuando no estaba en casa y descubrió todos tus recuerdos plagando la sala como lo hacen con mi mente. Cuando llegué a casa me tiró una carta remitida por ti hecha pedazos y me gritó como una posesa. Flavio me ayudó. Apreté su garganta con fuerza hasta que su piel se volvió morada. He acabado con nuestro problema. Espero que te alegres.

Junto a Flavio cavé un hoyo en un bosque alejado de la mansión y la enterramos tan profundo que no creo que se vuelva a saber que existió algún día. Él es el único con el que cuento ahora mismo.

Reconstruí pedazo a pedazo la carta y supe que estabas en Oriente Medio, y muy enfadada conmigo. Lo llego a entender, pero sé que comprenderás que no está bien que te enfades conmigo. Yo te quiero por encima de mis posibilidades. Es por tu desconsideración por lo que te maldeciré para siempre. Flavio me ha aconsejado qué es lo mejor que puedo hacer para que no puedas olvidarte de mí jamás.

Si en cinco minutos no te dignas a contestar este mensaje, me suicidaré en mi estudio. Flavio me ayudará a hacerme grandes cortes en las muñecas, con todos mis libros que hablan sobre ti abiertos rodeándome, para bañarlos con aquello que dejé en ellos en forma de tinta.



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¡Elián! ¡Elián! ¿Estás por ahí?                


Espero que cuando escuches este mensaje no lo borres antes de comprender mi situación. Hace unos días, cuando estaba a punto de abandonar este país…

(sollozo)

Me han secuestrado unos extremistas. Saben de mí gracias a tus libros. Muchas gracias, Elián. Espero que si llego a morir mi muerte descanse sobre tu conciencia.

Han matado a mi cámara para demostrar que van en serio. Me han cortado todo el pelo y han comenzado a hacer cortes en mi piel. ¡Te quieren a ti! ¡Por favor, dales una suma de dinero considerable o cambia mi posición por la tuya! ¡Yo no merezco esto!

(Sollozo)

Si aún conservas algo de cordura, si ese maldito Flavio te ayuda a comprender qué es verdaderamente lo mejor para ti, ven, ayúdame… ¡Por favor! ¡Tengo miedo!


Han clavado la punta de sus revólveres en mi nuca.

(Sollozo)

Quieren que cuelgue. Por favor, ven, ¡ven antes de que sea demasiado tarde!

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Buenas noches, soy Giselle March, enviada especial en Oriente Medio.

Hace aproximadamente media hora he conseguido abandonar el país donde me encontraba destinada y donde fui secuestrada, retenida y torturada durante casi una semana. Como pueden ver, mi aspecto no es el mejor aunque esta cámara portátil ayude a enmascarar mi mal estado físico. Aunque dudo que incluso así puedan ver algo de pelo sobre mi cabeza.

Pero mereció la pena soportar todo esto para poder grabar esto y relatarles la realidad.

Hace varias horas que el escritor Elián Hollister se intercambió conmigo en una cueva en las montañas que los extremistas usan para este tipo de actos. El mismo señor Hollister me contó que había escuchado mi mensaje de voz en el que le solicitaba un intercambio por orden de los extremistas cuando estaba a punto de suicidarse. Últimamente se albergaban sospechas de un posible brote de esquizofrenia en el famoso escritor.

Inmediatamente viajó a Oriente Medio, donde se puso en contacto conmigo para que mis captores señalasen el punto de encuentro. Aunque acudió sólo, en todo momento lo escuchamos hablando en voz baja con un tal Flavio, invisible para todos menos para él.

Cuando estuve a salvo pude leer varios mensajes del señor Hollister que me descubrieron algunos desgraciados sucesos en los últimos días: el señor Hollister…

(suspiro)

El señor Hollister hablaba en sus mensajes de un extraño amigo que para su pareja, Janis Clark, no eran más que imaginaciones paranoides del escritor. Días atrás, el señor Hollister asesinó a su pareja, que esperaba una hija dentro de unos dos meses, y la enterró en un bosque alejado de su residencia. Todo ello, según él, con la ayuda del tal Flavio, personaje que podría confirmar sus tendencias esquizofrénicas.

Como les contaba, cuando estaba a punto de suicidarse escuchó mi mensaje y partió de inmediato hacia mi situación, sin importarle el peligro.

Hace escasos minutos, llegó hasta mí la información del asesinato del escritor a manos de los extremistas gracias a unas fotos mandadas desde su teléfono hasta el mío…

(Suspiro)(Saca el móvil y lo enseña en cámara)

Como pueden ver, en ellas el cuerpo de Elián Hollister aparecen colgado en una burda cruz hecha con dos gruesos postes de madera, con los brazos amarrados a ellos y el cuerpo acribillado a…

A balazos.

….

A su lado se encontraba otra cruz de misma fabricación, con un muñeco de paja con un nombre grabado supuestamente con la sangre del señor Hollister: FLAVIO.

Una mofa cruda sobre las creencias ateas del famoso escritor que…

(sollozo)
Giselle March les informó. Buenas noches.

sábado, 17 de enero de 2015

LA SOLUCIÓN A TODO ES SER MALO

Sentado en la terraza de la casa donde vivo, cuando cae la tarde, oculto entre la ropa tendida, no puedo evitar observar con curiosidad a mis nuevos VECINOS. Así, sin comillas ni nada. Vecinos. Porque gracias a su firme espíritu de rebeldía y ética han desafiado a un sistema que nos oprime.

¿Que cómo?

Pues haciéndose dueños de unas casas desaprovechadas. ¿Es que no sabéis que hay más del doble de viviendas desocupadas en España que personas sin techo? Vaya desperdicio. Casi me resulta irrisorio el aeropuerto de Castellón en comparación a este dato.

Mis vecinos iluminan sus nuevos hogares una vez nos abandona el astro rey con un opulento foco que permanece toda la noche encendido, estrella fugaz y permanente a la vez, iluminándoles el camino e impidiendo que pierdan el rumbo en su arriesgada apuesta.

Chapó.

Me gustaría ser como ellos. A veces me arrepiento de ser un esclavo del sistema y tratar de esforzarme cada día por hallar un futuro que en este país se haya oculto bajo las capas de influencia de unos cuantos empresarios capitalistas.

Sí, sí. Me gustaría ser como mis vecinos. Lo reafirmo. Tan alejados del prototipo publicado recientemente pero creado desde la pubertad por el pequeño Nicolás, santo del caradurismo. Ellos sí que saben cómo ganarse la vida apoyándose en unos valores éticos forjados a base de golpes vitales y visión iluminada reunida del resto de la sociedad (creo que ese foco enlazado a la corriente eléctrica general es una clara metáfora de esto. Están hechos unos poetas).

Me gustaría ser como ellos. Lo vuelvo a reafirmar.

Pero no soy así. Un maestro me dijo en una ocasión que “El mayor indicio de inteligencia es la capacidad de adaptación”, porque aunque no lo crean he tenido muy buenos maestros, y me han soltado cada frase que ya quisiera Bob Marley haber compuesto. Ellos tienen la culpa de que haya querido ser como ellos y haya estudiado lo que estudié. Me enorgullecería que en el futuro alguno de mis alumnos escribiera con la IRONÍA con que he estado haciéndolo yo hasta llegar a este párrafo.

No estoy de acuerdo con el fenómeno okupa. Lo siento, amigos. Respeto vuestras razones y a la vez valoro la funcionalidad y sentido de vuestras acciones con un DEFICIENTE (creo que empiezo a tener complejo de maestro). Más aún cuando veo y escucho a alguno de mis vecinos riéndose y vanagloriándose de su propio atrevimiento (que, según creo recordar, es ILEGAL). Como un niño travieso que se enorgullece de no hacer sus deberes.

Bravo. Viva la madurez. 

Creo que hay mejores formas de luchar contra el sistema que ser el fiel espejo de los enemigos contra los que se lucha. Esa es una de las causas de la pérdida de credibilidad en nuestro sistema bipartidista, tan criticado por todos. El contraatacar con las armas del enemigo, cometiendo sus mismos errores es lo que nos arrebata la razón para siempre.

Siempre he pensado que se puede demostrar al sistema que somos mejores que él usando sus reglas y, llegado ese momento, poder gritar “Yo sobreviví a las trabas de mi época (con más o menos holgura, comodidad o acierto)”, como lo lleva haciendo la sociedad desde el principio de los tiempos.

Puede que yo también sea un idealista sentado en la terraza de una casa que no es suya, prejuzgando a personas que tal vez no tengo el gusto de conocer bien. Tal vez por ello me atreva a decir esto, aupado, como ellos, en un “lo hago porque es lo que hacen ellos”.
Pero sin duda, teniendo la seguridad de que la solución a todo es ser malo. (?)

Así, con un enorme símbolo que indica ironía. Porque todo es muy irónico por estos lares.


domingo, 11 de enero de 2015

Cuento. QUID PRO QUO. Cap 6

CAP. 6 

Némesis



L
as mazmorras situadas en el sótano del palacio de la familia Dark parecen sacadas de una historia medieval. Los barrotes de mi celda tallada en la piedra que conforma la elevación de terreno sobre la que se asienta la construcción son el doble de gruesos que mis brazos. Un rastro de humedad acompaña a un solitario charco de agua estancada con el tiempo por la precipitación de agua entre la roca. Un largo pasillo enlaza con las otras tres estancias similares y desocupadas, terminando en una larga escalera tallada en la piedra que asciende hasta la despensa de la planta baja del palacio.
No puedo creer aún que Kharma me haya traicionado. No puedo creer que hayan raptado y alejado de mí a Lorenz y a Nadia. ¿Es que todo el tiempo fue una espía de su hermano? ¿Es que me ayudó todo este tiempo para que su hermano tuviera una razón para encerrarme aquí y que pasara el resto de mis días oculto mientras ellos disfrutan de sus deseos cumplidos? ¿Es que ella es el diablo y quería evitar que destruyera el mundo que ha creado para adueñarse de nuestras almas a través de nuestros sueños…?
Unos pasos procedentes de la escalera me sacan de mi mundo de cavilaciones. Ni siquiera me acerco a los barrotes para comprobar quién se atreve a visitarme.
El pelo rojizo de Kharma, encendido por la luz de una vela que porta en el interior de un vaso de cristal, ondea cuando se detiene frente a la puerta. Eleva su vista hacia mí, inexpresiva.
-Mark…
No le contesto. Ni siquiera quiero mirarla.
-Debía hacerlo. Quiero ayudarte.
-¿A morir?
Kharma lanza unas llaves a través de los barrotes. Las llaves caen con un tintineo leve y se deslizan hasta el filo del charco, provocando débiles ondas.
-¿Es otra trampa?
-¿Es que no te he ayudado a llegar hasta aquí?
-Bendita ayuda.
-Estás más cerca de los dos últimos libros que nunca.
-¿Dos? Dayron sólo tiene el de mi hermano Lorenz. ¿Es que había otro?
-El de Sol.
Mi silencio resulta tan perturbador que decido romperlo recogiendo la llave. Me dirijo a la puerta y la meto con indecisión en la cerradura. Tarda, pero empieza a girar. Abro con lentitud la verja y me sitúo al otro lado, junto a la chica pelirroja, mirando a la escalera por la que se escurre un rastro de luz a la espera de que algo pase.
-¿Dónde está Sol?-pregunto, sabiendo que es la última persona que querría informarme sobre ella.- ¿Qué sabes sobre ella, Kharma?
Por fin decide mirarme abiertamente a los ojos.
-¿Te has parado a pensar que si destruyes este mundo jamás volverás a verme?
Su pregunta me acribilla como lo hubieran hecho un millar de agujas.
-Prefería no pensar en ello.
-¿Te gusto?
-Tal vez.
-Esa no es una respuesta…
-¿Quieres una respuesta?
-Quiero la verdad.
Sé que esto le va a doler tanto como a mí. Incluso antes de decirlo.
-Puede que me guste la parte de Sol que he visto en ti. Puede que no me gustes tú realmente. Puede que Sol jamás se haya ido de mi mente aunque se fuera de este mundo. Puede que solo quiera regresar por volver a verla…
Kharma, como siempre, se muestra impredecible. Me sonríe mansamente.
-Entonces no tengo más remedio que ayudarte a volver.
-¿Por qué…?
Kharma se mete una mano bajo su gordo jersey de lana y saca por la espalda un delgado tomo azul con una inscripción dorada. Lo deposita en mis dubitativas manos y lo abre por la primera página.
“Me gustaría ser otra persona. Una a la que Mark no tuviera miedo de confesar sus sentimientos. Una que tuviera toda la suerte que me falta para ser feliz.”
-¿Sol…?-pregunto incrédulo.
Kharma cierra los ojos con fuerza activando mi estado de alerta. Una pequeña piedra cae del techo golpeando levemente en la cabeza a la chica provocando un suspiro dolorido.
-¿Qué haces? ¿A qué ha venido eso?
-Necesitaba un poco de mala suerte.
-¿Para qué?
Kharma se acerca tanto que podría contar cada una de sus pestañas.
-Para que al fin decidas besarme.
Creo que cuento con toda la suerte del mundo.

Tras despedazar las hojas del libro, el palacio vuelve a temblar bajo nuestros pies y Kharma se aferra a mí para no caer al suelo desmayada. Cuando todo termina y sólo queda un tomo por eliminar, me sonríe y nos dirigimos hacia la escalera con cautela.
Subimos hacia la colmada despensa con lentitud y poniendo nuestros oídos en cada mínimo sonido. Abrimos la puerta que conduce a la amplia cocina del palacio y somos descubiertos por un hombre.
-¡M-Mark!
La débil voz de Duke Dark me alerta. En vez de huir por donde hemos venido, decido observar al hombre. Duke está pálido, su ropa elegante ha desaparecido, su pelo está sucio y enmarañado y sólo le queda unos andrajosos pantalones y una camiseta llena de grasa. Se apoya sobre la meseta de la cocina con dificultad, como si estuviera a punto de caer rendido.
-¡Señor Dark!
Me dirijo hacia él y lo sostengo antes de que resbale hasta el suelo.
-¿Qué ha ocurrido?
Kharma viene a mi lado y Duke la mira con incredulidad.
-¿Habéis roto el penúltimo libro?-asentimos ambos.- Por eso ella…
Duke nos relata cómo su esposa sufrió unas graves convulsiones con la destrucción del libro de Sol y de repente se levantó y huyó de la habitación donde descansaba. Cuando Duke se reincorporó su cuerpo estaba débil y sus ropas habían vuelto a ser las de antes de llegar a este mundo. Al salir de la habitación se dio cuenta de que los cinco guardias protectores de Dayron se habían evaporado dejando sus ropas en el suelo y Nadia, Dayron y Lorenz habían sido raptados. Ni rastro de Sophie.
-¿Crees que ella puede ser…?-pregunto a Kharma.
-El diablo-contesta Duke-.
-¿Cómo sabe usted eso?-le pregunta Kharma.
-Yo soy el culpable de todo…
Veinte años atrás, fui yo quien tuvo un desafortunado accidente mientras jugaba con mis amigos: tu padre, tu madre, Sophie y mi hermano gemelo Daniel. Me fracturé una muñeca por culpa de unos chicos mayores que fueron más brutos de lo que debían a la hora de ridiculizarnos.
Un viejo ataviado de un traje rojo estrafalario se presentó y nos contó una siniestra historia sobre el diablo. Fue en la víspera del día de Reyes y, como a vosotros, nos animó a escribir nuestros deseos en un papelito y depositarlo en una pequeña urna de cristal transparente. Así fue como el diablo conoció nuestros sueños y nos tendió una trampa.
Yo fui el único que no pidió un deseo. Dejé el papel en blanco, por lo que, al llegar a este mundo de ilusión, supe que algo andaba mal. Al igual que has hecho tú, Mark, me encargué de encontrar y destruir los libros mientras mis amigos trataban de impedírmelo. Cuando encontré el último, el diablo salió a mi encuentro:
-Si eliminas el libro eliminarás el mundo que he creado. Pero si tus amigos siguen deseando estar en él, sus almas me pertenecerán, y tarde o temprano me haré con sus almas…
Confié en que mis amigos y mi hermano recapacitaran y fuesen conscientes de que el diablo los estaba consumiendo usando sus más intensos deseos. Pero no ocurrió así. Destrocé el libro y dejé libre al diablo. El propio diablo me lanzó un haz de fuego que prendió mi mano derecha mientras destrozaba las hojas.
Con los años, me hice gerente de la fábrica negra y traje con ella la maldición de la fiebre eterna a la Villa Blanca. Y ella, como si de una mano del diablo se tratase, fue arrastrando lentamente a tus padres, a mi hermano, a Sophie y a Kharma hasta las garras del diablo…”
-Y por eso ahora quiere llevarse a Dayron y al resto-digo-. Quiere vengarse de ti.
Duke eleva el rostro pesadamente, con los párpados ligeramente caídos, y acerca su mano negra hasta el rostro de Kharma. La roza con sus dedos y el labio de Kharma tiembla.
-Eres Sol, ¿no es cierto?-murmura.- Te pareces tanto a ella…
Kharma sostiene la mano de Duke apretándola contra su rostro.
-¿Nos ayudará a encontrar a Sophie?-digo rompiendo el momento.
-No podría enfrentarme a Sophie. No podría verla convertida en el diablo-a Duke se le escapa un sollozo-. Por favor, no hagáis que la vea así…
Ayudamos a Duke a llegar hasta el salón y lo acostamos sobre el sofá, donde se queda tumbado, sus últimas fuerzas huídas junto a su historia.
-Sólo hay un lugar donde haya podido esconderse, Mark-dice Kharma-. Estoy convencida de que sé donde se encuentra.
Traga saliva a la espera de mi reacción.
-¿A qué esperamos?-digo abrazándola y deseando no tener que soltarla nunca.

Kharma supone que el diablo debe haberse escondido en la habitación más alta del palacio, un ático oscuro situado subiendo una escalera adherida al techo de la habitación de Dayron que el chico solía usar para jugar tranquilo cuando no tenía ganas de ver a nadie. Está segura de que Sophie, o el diablo, está allí atrincherada, débil y a la espera de que no la encuentren.
La habitación de Dayron se encuentra al final de un extenso pasillo colmado de pinturas coloridas. Al abrir la puerta me encuentro con una estancia tan amplia como el salón, repleto de juguetes esparcidos por el suelo, una enorme y esponjosa cama y una ventana con balcón desde la que entran cuchillas de luz sorteando los pequeños copos de nieve que comienzan a caer.
Caminamos sorteando juguetes hasta situarnos junto a la cama. Kharma me señala el techo en silencio. La temperatura es más gélida conforme nos acercamos. Una fina cuerda adornada con una bolita roja al final pende del techo, inmóvil.
Asiento y trago saliva. Kharma se aúpa usando una silla y alcanza la cuerda. Tira de ella y una escalera desciende ante nosotros. Cuando pongo el pie en el primer escalón una corriente gélida acompañada de un grito infernal me azota y me hace caer de espaldas. Tiemblo de miedo y frío. Kharma me ayuda a levantarme y enfrenta con decisión la escalera.
El grito y la corriente vuelven a arreciar pero Kharma no cede. Agarra mi mano y tira de ella tras de sí. Llegamos a la parte superior y todo se calma. Kharma suelta mi mano tras un último largo apretón.
La estancia es triangular y alta. Las paredes blancas, brillantes y heladas se unen en un vértice por el que una ligera capa de vapor se escurre hacia una escapatoria en forma de ventanilla situada a nuestra espalda. El suelo está repleto de nieve. Nadia, Lorenz y Dayron están de pie frente a la enfermiza Sophie, cuyos ojos están hundidos en unas ojeras como agujeros negros. Su piel blanca destella y su pelo rojo desafía las leyes de la gravedad, expandiéndose como atraído por una corriente eléctrica. Su vestido negro con volantes amplios se mece con una brisa inexistente. Una corona dorada adorna su pelo y sujeta una flor de narciso junto a su nariz captando todo su aroma.
No puedo evitar pensar en que el diablo está representando a la diosa griega Némesis, la diosa de la venganza, la fortuna y la justicia retributiva. Adopta la forma de un personaje con poderes similares y complementarios a los de Kharma. Nos está lanzando un mensaje de advertencia.
-Ya ha llegado-susurra-. El destructor de sueños.
No sé qué hacer. Vislumbro entre las manos de Dayron el libro de Lorenz, el último que queda. Debo conseguirlo como sea.
-Dayron, pequeño, hijo mío-le susurra Sophie-. ¿Verdad que no quieres que este mundo desaparezca, ni yo, ni tu hermana Kharma, ni tu casa y amigos? ¿Verdad que me quieres más que a nada en el mundo?
Dayron levanta el rostro. Está tan pálido como su monstruosa madre. Se da la vuelta y la abraza por la cintura.
-Te quiero mucho, mamá. No quiero que te vayas.
Dayron hunde su rostro en el vestido de su madre.
-¿Tampoco vosotros, Nadia, Lorenz?-dice con dulzura la mujer.- ¿Verdad que quieres seguir conservando tu maravillosa vista, Nadia? ¿Verdad que quieres seguir tan sano y fuerte y correr como el viento, Lorenz?
-Sí, señora Dark-responden al unísono.
-Entonces debéis impedir que Mark se haga con el último libro. Debéis hacerle pagar por sus maldades.
Kharma se adelanta a mí. Cierra los ojos con fuerza. No tengo tiempo para evitarlo.
El libro resbala de entre los brazos de Dayron y se desliza con fuerza sobre el hielo hasta golpear mis pies. Lo recojo mientras Sophie lanza una maldición.
-¿Cómo te atreves, niña? No dejaré que rompas el equilibrio del mundo forzando tu suerte.
-Yo misma restableceré el equilibrio-contesta Kharma-.
-¡Recuperadlo!-chilla a los niños.
Mi hermano, mi prima y Dayron corren hacia nosotros. Se echan todos sobre mí y hacen que el libro caiga hacia atrás. Me golpean con fuerza en la cara y cuerpo mientras trato de cubrirme. Kharma los sortea y se dirige hacia Sophie.
-¡Kharma! ¡Cuidado!-acierto a gritar mientras Dayron golpea mi vientre haciéndome perder la respiración.
Kharma se sitúa frente a la mujer con decisión.
-¿Qué vas a hacer pequeña? ¿No querrás hacerle daño a tu enferma madre?-balbucea débil.
-Yo no soy tu hija.
Kharma se gira hacia mí mientras los tres chicos siguen tratando de inmovilizarme. Aprieta los ojos durante varios segundos y un miedo atroz se apodera de mí. Cuando los vuelve a abrir, se gira hacia Sophie.
-Que decida la suerte.
-Soy la diosa de la fortuna. Yo soy quien decido-dice Sophie-.
Sophie la apunta con un dedo que torna fuego en su punta. Va a dispararle.
No puede usar tanta suerte. No de golpe. No para acabar con el diablo.
Kharma echa a correr hacia la mujer. Su dedo en llamas vibra y una bala de fuego recorre en un instante imperceptible la distancia que las separa. Golpea el pecho de Kharma y toda ella se envuelve en llamas.
-¡SOL!-chillo su verdadero nombre.
La chica se abalanza sobre la acorralada mujer y se funde con ella en un abrazo de fuego. Los gritos de ambas me taladran los tímpanos y las fuerzas de Nadia, Lorenz y Dayron se van apagando. Un último estallido y las dos desaparecen como luciérnagas apagándose en la oscuridad.
Exhausto me saco de encima los inertes cuerpos de mis tres amigos. Me levanto y tomo el último libro. Lo desgarro con toda la ira acumulada y grito con todas mis fuerzas mientras mis lágrimas acuden a bañar mis mejillas.
Todo va desapareciendo. Poco a poco.

Nadia ya está acurrucada junto a la mesa en la que hemos puesto la estufa. Se tapa con las faldas de la mesa camilla hasta los ojos. Luce unas gafas nuevas, más delgadas y estilizadas que las antiguas, que resaltan sus ojos rasgados. La hacen muy atractiva. El grueso libro azul con letras doradas descansa sobre la mesa a la espera de que lleguen los demás. Me siento frente a ella.
-Vaya viajecito-le digo-.
-Vaya aventura-conviene Nadia-.
Unos pasos acelerados en la escalera producen una sonora estampida que acaba con la puerta abierta. Lorenz atraviesa enérgico el espacio hasta la mesa y se sienta junto a mí dejando la puerta abierta.
-¡Qué frío!-dice abrazando mi brazo apoyado en la mesa.
-¿Ha llegado ya, Dayron?-pregunta Nadia.
-A-aquí estoy-dice el pequeño Dayron, ruborizado al oír a Nadia pronunciar su nombre-.
Nadia le indica que se siente a su lado y creo que Dayron va a estallar de felicidad. Beso en la cabeza a mi hermano, que se separa de mí impaciente y toma el libro.
-¿Podemos empezar a leerlo ya?-me pregunta.
-No hasta que…
Unos débiles pasos resuenan en el exterior, subiendo las escaleras. Mi corazón empieza a bombear con fuerza inusitada. Fijo mi mirada en el marco de la puerta.
Sol se queda plantada en la entrada.
-Siento llegar tarde-dice sacando la lengua y poniéndose una mano sobre la cabeza-.
Su pelo negro brilla incandescente. Sus ojos me atraviesan el alma. Y cuando sonríe... Ay, cuando sonríe pienso que no existe frío en la Villa Blanca. Ni en el mundo.